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jueves, 10 de febrero de 2011

Conmovedor


LOS DEMOCRATAS ARABES ROMPEN EL ESTEREOTIPO DE OCCIDENTE

La campaña ya no funciona

Una familia de manifestantes sostiene un cartel acusando a Mubarak de corrupción.


Desde hace cerca de treinta años, una obstinada campaña de denigración se consagró a presentar al Islam como un enemigo de los valores occidentales. Confundieron a un puñado de alterados terroristas con millones de individuos.
Por Eduardo Febbro
Desde París
Los demócratas árabes que hicieron saltar la banca de la autocracia y la corrupción en Túnez y Egipto aportaron una contribución inestimable al conocimiento humano: desmontaron con su vigor democrático el perfil de demonio con el cual la prensa de Occidente y ensayistas aprovechadores habían retratado al Islam y al mundo árabe musulmán en general, al tiempo que pusieron en tela de juicio los intereses estratégicos de la primera potencia mundial. Desde hace cerca de treinta años, una obstinada campaña de denigración se consagró a presentar al Islam como un enemigo de los valores occidentales, a los árabes como una sociedad de individuos histéricos y fuera de la historia. Artículos, reportajes televisivos y ensayos se ensañaron con una temática común: el miedo al Islam, al islamismo, la identificación de una religión con el terrorismo de masa. Confundieron a un puñado de alterados terroristas con sociedades civiles de millones de individuos e hicieron caso omiso de la historia del mundo, del colonialismo, dejaron afuera la influencia de los recursos petrolíferos en la expansión provocada del fundamentalismo islámico así como el papel que tuvo la confrontación entre el Este y el Oeste en el fomento de los extremismos religiosos como armas estratégicas.
En esa masa de mentiras y miedo contribuyeron en mucho los intelectuales modernos, adeptos al sillón giratorio desde el cual miran el mundo y proyectan sus opciones ideológicas y su sagacidad sin desplazarse, sin conocer, la mayor parte de las veces, a ese ser humano, a esa gente, la intimidad de las naciones, su historia, los idiomas que se hablan, la práctica confesional en curso, la razón y los matices de los ritos, la dimensión histórica de la identidad, el juego perverso de las pugnas geopolíticas que trazaron el mapa de Medio Oriente. La propaganda se mezcló con la reflexión. Sin embargo, el islamismo fundamentalista, tal como lo conocemos hoy, precede la creación de grupos como Hamas, Al Qaida, el Hezbolá e incluso es anterior a la confrontación entre Israel y los fundamentalistas islámicos que pugnan por la desaparición de un Estado judío. Hamas primero fue creado en 1987 como movimiento de resistencia islámico contra la ocupación israelí del territorio de Gaza. El Hezbolá nació en 1982 contra la ocupación del Líbano por las tropas israelíes (1982). El tercero, Al Qaida, es una emanación de la política norteamericana en Asia Central.
El extremismo islámico contemporáneo se plasmó en 1953 con el golpe de Estado contra el primer ministro iraní Mohammad Mossadegh. Electo dos años antes con el apoyo del Frente Nacional, un grupo de partidos progresistas, Mossadegh suprimió los exorbitantes privilegios de que gozaba la primera empresa mundial de explotación de hidrocarburos, la compañía angloiranian Oil, AIOC. Esta empresa detentaba el monopolio de la explotación y la venta del petróleo iraní y a cambio pagaba magros beneficios al Estado iraní, mientras que la población vivía en la pobreza. Los británicos, en su afán de derrocar a Mohammad Mossadegh, pidieron la cooperación de Washington. Un emisario del Secret Intelligence Service, Christopher Montague Woodhouse, convenció a la CIA de la necesidad de erradicar la triple amenaza que representan el nacionalismo de Mossadegh, el poderoso partido de la izquierda iraní, Tudeh, y la ex Unión Soviética, país fronterizo de Irán. Estados Unidos y Gran Bretaña montaron el operativo AJAX y derribaron el régimen de Mohammad Mossadegh con la ayuda de un aliado interior, el soberano iraní Mohammed Réza shah Pahlévi. La frustración nacional por la explotación petrolífera, la cooperación del shah de Irán con quienes expoliaban los hidrocarburos y la instauración de una tiranía absoluta que aplastó al movimiento democrático y laico le dio vida y cuerpo al fundamentalismo chiíta, es decir, el ala derecha extremista y nacionalista de Irán. En 1979, el ayatolá Jomeini se apoyó en ese movimiento fundamentalista para lanzar la revolución iraní, cuya permanencia forjó un fascismo religioso e hizo de Teherán un eje del terror. El ex presidente norteamericano Bill Clinton reconoció en el año 2000 las nefastas consecuencias del operativo AJAX y pidió disculpas. Demasiado tarde. Otro monstruo de siniestras consecuencias, también diseñado y perpetrado por Washington, estaba alimentándose en Asia Central: la financiación de los sectores más radicales del Islam para combatir la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética. Las escuelas coránicas de Pakistán (madrazas) fueron financiadas por Washington para preparar a los “combatientes de la libertad” inspirados en la versión más extrema de la religión. La casi totalidad de los terroristas buscados por Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre fueron llevados por Washington a Pakistán en charters especiales a lo largo de los años ’80. Bin Laden y los talibanes afganos fueron aliados íntimos en esa estrategia, soldados al servicio de la causa norteamericana que luego se dieron vuelta.
La pugna por los hidrocarburos y la táctica confesional contra el comunismo diseñaron el mundo que tenemos hoy. Occidente se lavó las manos y ensució al mundo árabemusulmán con una propaganda impúdica. Los musulmanes pasaron a ser retrógrados, rígidos, fanáticos peligrosos que ponían en peligro la identidad y los valores de Occidente. La influencia de ese discurso ha sido tal que la casi totalidad de los partidos de extrema derecha que arrasan en las urnas del Viejo Continente han hecho del miedo o el odio a los musulmanes su principal negocio electoral. Y, sin embargo, no fueron los papelitos sucios de Wikileaks los que hicieron avanzar la historia sino el pueblo. En las revueltas de Túnez o en la plaza Tahrir de El Cairo no se vieron barbudos agresivos, ni el Corán ni armas: vimos demócratas que pugnaban por la libertad, la igualdad, la redistribución justa de las riquezas y un futuro mejor. Vimos banderas egipcias, retratos de Hosni Mubarak con el bigote de Hitler y carteles pidiendo que se vaya. En dos semanas, un sector del mundo árabe trastornó el orden preestablecido del mundo sin bombas ni atentados. ¿Qué dirán los heraldos del pavor a lo diverso, ahora que ese otro tan temido y denigrado se juega la vida colectivamente por los valores en los que se basa la cultura política de Occidente? ¿Qué demonio inventarán para seguir teniendo razón? Esos progresistas de sociedades menospreciadas por la tecno cultura occidental han creado en un puñado de días una de las mayores transformaciones de la historia. Detrás de sus reclamos no hay demonios fundamentalistas, sino siglos de opresión, de expoliación y corrupción. Sea cual fuere el rumbo de esa revolución les debemos a esos empeñados demócratas una demostración única, una emoción gigantesca, la oportunidad de ver al otro como es, de reconocerlo, de palpar sus sueños, que también son nuestros. Vimos la historia avanzar ante nuestras miradas, tenemos la prueba de que, por encima de la cultura, del idioma y del Dios al que dirigimos nuestras plegarias, persiste en el ser humano la ambición irrenunciable de la libertad.







OPINION

Sangre marrón


Por Robert Fisk *

Desde El Cairo

La sangre se pone marrón con el tiempo. Las revoluciones no. Trapos sucios cuelgan en una esquina de la plaza, las últimas prendas usadas por los mártires de Tahrir: un médico, un abogado, una joven mujer, sus fotos esparcidas sobre la multitud, la tela de las remeras y los pantalones manchados del color del barro. Pero ayer la gente honró a sus muertos de a decenas de miles en la mayor marcha de protesta jamás reunida contra la dictadura del presidente Hosni Mubarak, gente alegre, transpirando, empujando, gritando, llorando, impaciente, temerosa de que el mundo olvide su coraje y su sacrificio. Nos tomó tres horas abrirnos camino hacia la plaza, dos horas para hundirnos en un mar de cuerpos humanos para irnos. Por encima nuestro, un fantasmagórico fotomontaje se sacudía con el viento: la cabeza de Hosni Mubarak superpuesta sobre la terrible imagen de Saddam Hussein con una soga al cuello.

Los levantamientos no siguen un horario. Y Mubarak buscará una forma de venganza por la renovada explosión de furia y frustración de ayer en su gobierno de treinta años. Durante dos días, su nuevo gobierno de vuelta al trabajo había tratado de pintar a Egipto como una nación volviendo a su antiguo autocrático letargo. Las estaciones de servicio abiertas, una serie de embotellamientos, los bancos entregando dinero –aunque en sumas pequeñas–, los comercios trabajando, los ministros sentados firmes en la televisión estatal mientras el hombre que seguiría siendo rey por otros cinco meses les hablaba sobre la necesidad de volver del caos al orden, una única razón declarada para mantenerse a toda costa en el poder.

Pero Issam Etman le demostró que estaba equivocado. Empujado por los miles a su alrededor, llevaba a Hadiga, su hija de cinco años, sobre sus hombros. “Estoy aquí por mi hija”, gritó sobre la protesta. “Es por su libertad que quiero que Mubarak se vaya. No soy pobre. Dirijo una empresa de transportes y una estación de servicio. Todo está cerrado ahora y estoy sufriendo, pero no me importa. Le pago a mi personal de mi propio bolsillo. Esto es sobre la libertad. Cualquier cosa la vale.” Y todo el tiempo la pequeña sentada sobre los hombros de Etman mirando a la multitud épica con asombro; ninguna extravagancia estilo Harry Potter podría igualar esto.

Muchos de los manifestantes –tantos se reunían en la plaza ayer que el sitio de protesta se había desbordado a los puentes del río Nilo y a otras plazas del centro de El Cairo– venían por primera vez. Los soldados del Tercer Ejército de Egipto deben haber sido superados 40.000 a uno, estaban sentados en sus tanques y los carros blindados, sonriendo nerviosamente mientras los ancianos y los jóvenes y mujeres jóvenes estaban alrededor de sus tanques, durmiendo contra los blindados; una fuerza militar impotente por un ejército de disconformidad. Muchos decían que habían venido porque tenían miedo: porque temían que el mundo estuviera perdiendo interés en su lucha, porque Mubarak todavía no había abandonado su palacio, porque las multitudes eran más pequeñas en los últimos días, porque algunos de los equipos de camarógrafos habían partido hacia otras tragedias y otras dictaduras, porque el olor a traición estaba en el aire. Si la República de Tahrir se seca, entonces el despertar nacional se terminó. Pero ayer se confirmó que la revolución está viva.

Su error fue subestimar la habilidad del régimen para sobrevivir, para encender sus atormentadores, para apagar las cámaras y hostigar a la única voz de esa gente –los periodistas– y persuadir a aquellos viejos enemigos de revoluciones, los “moderados” a quienes ama Occidente, que envilecen su única exigencia. ¿Qué son cinco meses más si el viejo se va en septiembre? Hasta Amr Mou-ssa, el muy respetado favorito de los egipcios, resulta que quiere que el viejo siga hasta el final. Y en verdad, es la comprensión política de esta inocente pero a menudo no instruida masa.

Es fácil acusar a los cientos de miles de manifestantes pro democracia de ingenuidad, de simpleza mental, de confiar demasiado en Internet y Facebook. Hay una creciente evidencia de que la “realidad virtual” se convirtió en realidad para los jóvenes de Egipto, que habían comenzado a creer en la pantalla más que en la calle –y que cuando tomaron las calles, estaban profundamente shockeados por el estado de violencia y la fuerza física brutal del régimen continuaba–. Pero sin embargo, que la gente guste de esta nueva libertad es abrumador. ¿Cómo puede planear su revolución gente que ha vivido bajo la dictadura durante tanto tiempo? Nosotros en Occidente podemos olvidar esto. Estamos tan institucionalizados que todo en nuestro futuro está programado. Egipto es una tormenta de truenos sin dirección, una inundación de expresión popular que no se adapta prolijamente a nuestros libros de historia revolucionaria o nuestra meteorología política.

Tendremos que recordar que los dedos de hierro de este régimen hace tiempo que han crecido en la arena, más profundamente que las pirámides, más poderosos que una ideología. No hemos visto el fin de esta criatura. Ni su venganza.


* De The Independent, de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Corte Interamericana de Derechos Humanos

LA CIDH DENUNCIA 20 MIL SECUESTROS EN UN AÑO, QUEJAS DE CENTROAMERICA

México es una trampa para inmigrantes

Honduras, Guatemala y El Salvador reclamaron al gobierno de Felipe Calderón que investigue la captura y desaparición de 50 ciudadanos de esos países en Oaxaca que viajaban indocumentados hacia la frontera estadounidense.
Imagen: El periplo de los inmigrantes centroamericanos camino a EE.UU. es cada vez más peligroso


La travesía ilegal de los centroamericanos pobres que sueñan conseguir una nueva vida en Estados Unidos se parece, cada vez más, a una pesadilla. Sobre todo en territorio mexicano, el último tramo del camino. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México (CIDH) denunciará en su informe correspondiente al corriente año que fueron cerca de 20 mil los inmigrantes ilegales secuestrados durante 2010. Ayer, Honduras, Guatemala y El Salvador reclamaron al gobierno de Felipe Calderón que investigue la captura y desaparición de 50 ciudadanos de esos países en Oaxaca, al sur del país azteca, que viajaban indocumentados hacia la frontera estadounidense. Si bien a principio de semana el Ejecutivo desestimó el hecho de Oaxaca, ayer comenzó a reunir declaraciones para empezar a resolverlo.
El responsable de la oficina de atención a migrantes de la CIDH mexicana, Fernando Batista, dijo que la situación está peor que nunca. “La cifra visualiza un problema que sigue latente en el país y que, lejos de que se hayan tomado acciones para prevenir y procurar justicia, se advierte todo lo contrario”, remarcó a La Jornada de México. La cantidad aproximada de secuestros sucedidos en 2010 –figurará con exactitud cuando el organismo divulgue el informe– duplica a la correspondiente a 2009, cuando se registraron 9758 capturas.
El secuestro de medio centenar de inmigrantes en la localidad de Chahuites, Oaxaca, es el último caso del que tomó conocimiento la CIDH, a través de una denuncia que el gobierno de El Salvador radicó el martes ante el gobierno de México. Honduras y Guatemala se sumaron al reclamo rápidamente.
Personal de protección a los migrantes de la Cancillería salvadoreña tomó contacto con sobrevivientes de la captura a principios de semana y, a través de los testimonios, las autoridades consulares lograron reconstruir lo ocurrido en la madrugada del 16 de diciembre. Según los dichos, un grupo de hombres vestidos de negro, encapuchados, con machetes y armas de fuego frenó un tren de carga en el que viajaban varios inmigrantes ilegales rumbo a la frontera con Estados Unidos. Los obligaron a abandonar el transporte y a subir a dos camionetas, en las que los trasladaron hasta una casa. Una docena de personas logró escapar y llegar hasta un albergue ubicado a mitad de camino. Los testigos coincidieron en que los secuestrados llegan a ser cincuenta, entre los que se cuentan treinta niños de entre 11 y 16 años, aunque no pudieron especificar cuántas de las víctimas son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos.
La versión coincide con la información recogida por la CNDH, que también dialogó con los inmigrantes refugiados en el albergue. Ayer, los ministerios de Relaciones Exteriores de los tres países exigieron de manera conjunta al Ejecutivo que investigue los hechos para “dar lo antes posible con el paradero de las personas secuestradas, se deduzcan responsabilidades y se castigue a los culpables”, para evitar que “este tipo de delitos vuelvan a ocurrir”, sostiene el documento.
La Cancillería de El Salvador en México recogió de sus agencias consulares que el hecho del 16 de diciembre se suma a otros seis de la misma naturaleza sucedidos durante 2010. El vicecanciller salvadoreño, Juan José García, detalló que según “en seis secuestros colectivos y 59 raptos individuales perpetrados por el delito organizado en el sur de México, han sido capturadas 103 salvadoreños en situación de inmigrantes ilegales”. Dentro de los secuestros colectivos ocurridos en México se contabiliza el que terminó en agosto pasado en la masacre de 72 migrantes, 14 de ellos salvadoreños, en Tamaulipas.
Para Honduras, el gobierno azteca tiene buenas intenciones, pero pocas acciones. En ese sentido opinó el canciller hondureño, Mario Canahuati: “No quiero hablar de complicidad (entre el crimen organizado y autoridades mexicanas), sino de falta de acciones que permiten que grupos delictivos como Los Zetas o Los Maras operen con éxito”.
El gobierno mexicano desestimó la denuncia que El Salvador radicó de manera individual el martes por carecer de sustento. Entonces, el canciller de El Salvador, Hugo Martínez, acusó a México de aumentar sus recursos para detener a inmigrantes en vez de perseguir a las bandas que los secuestran. Luego de rechazar las acusaciones, y recibir el alerta de la CNDH, el Ejecutivo azteca decidió iniciar la investigación, pero hasta ahora no reconoce oficialmente que se haya producido esa acción delictiva. El Instituto Nacional del Migrante se puso en contacto con los testigos y les ofreció refugio, mientras que la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (Siedo) comenzó a escuchar sus testimonios. Ante las historias, el titular de ese organismo, Salvador Beltrán del Río, vaticinó que “el móvil del secuestro podría ser la utilización de los indocumentados para mano de obra de los grupos de narcotráfico y crimen organizado”. (Página 12, 24 de diciembre 2010)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Rudyard Kipling, The White Man's Burden (1899)

Take up the White Man's burden--

Send forth the best ye breed--

Go bind your sons to exile

To serve your captives' need;

To wait in heavy harness,

On fluttered folk and wild--

Your new-caught, sullen peoples,

Half-devil and half-child.



Take up the White

Man's burden--

In patience to abide,

To veil the threat of terror

And check the show of pride;

By open speech and simple,

An hundred times made plain

To seek another's profit,

And work another's gain.



Take up the White Man's burden--

The savage wars of peace--

Fill full the mouth of Famine

And bid the sickness cease;

And when your goal is nearest

The end for others sought,

Watch sloth and heathen Folly

Bring all your hopes to nought.



Take up the White Man's burden--

No tawdry rule of kings,

But toil of serf and sweeper--

The tale of common things.

The ports ye shall not enter,

The roads ye shall not tread,

Go mark them with your living,

And mark them with your dead.



Take up the White Man's burden--

And reap his old reward:

The blame of those ye better,

The hate of those ye guard--

The cry of hosts ye humour

(Ah, slowly!) toward the light:--

"Why brought he us from bondage,

Our loved Egyptian night?"



Take up the White Man's burden--

Ye dare not stoop to less--

Nor call too loud on Freedom

To cloke (1) your weariness;

By all ye cry or whisper,

By all ye leave or do,

The silent, sullen peoples

Shall weigh your gods and you.



Take up the White Man's burden--

Have done with childish days--

The lightly proferred laurel, (2)

The easy, ungrudged praise.

Comes now, to search your manhood

Through all the thankless years,

Cold, edged with dear-bought wisdom,

The judgment of your peers!



-------

(1) Cloak, cover.

(2) Since the days of Classical Greece, a laurel wreath has been a symbolic victory prize.







American exceptionalism, American hypocrisy
Dec 10th 2010, 4:47 by W.W. IOWA CITY



AMERICA'S reaction to WikiLeaks' recent trickle of confidential diplomatic messages has not improved its reputation in Europe, at least according to this article by Steven Erlanger in the New York Times. Mr Erlanger offers an entertaining run-down of sharply critical opinions from pundits and politicos across the pond. Their theme, as Mr Erlanger puts it in his lede, is that "Washington’s fierce reaction to the flood of secret diplomatic cables released by WikiLeaks displays imperial arrogance and hypocrisy, indicating a post-9/11 obsession with secrecy that contradicts American principles".


Near the end of the piece, Mr Erlanger touches on a second theme which I think may shed some light on the first. The content of the cables, some commentators say, has hurt the American government's reputation less than has its bumbling, alarmed over-reaction. The United States' diplomatic corps itself comes off looking professional and well meaning:


Renaud Girard, a respected reporter for the center-right Le Figaro, said that he was impressed by the generally high quality of the American diplomatic corps. “What is most fascinating is that we see no cynicism in U.S. diplomacy,” he said. “They really believe in human rights in Africa and China and Russia and Asia. They really believe in democracy and human rights. People accuse the Americans of double standards all the time. But it’s not true here. If anything, the diplomats are almost naïve, and I don’t think these leaks will jeopardize the United States. Most will see the diplomats as honest, sincere and not so cynical.”


This is charming. Most Americans don't grasp the extent to which their country is considered throughout the world a bullying, opportunistic, imperialist power. Mr Girard sounds almost surprised by the "almost naïve" sincerity of American diplomats' commitment to democracy and human rights. And I think he is right that the intelligence, good humour, and benevolent intentions on display in the cables redounds to the benefit of the American foreign service's reputation.


But should it be so surprising that aspiring global hegemons do not run on the fuel of dishonesty and cynicism? "The White Man's Burden" is perhaps history's most earnestly idealistic poem. Sturdy conviction in the cause of democracy and human rights, the belief that America is exceptional in its embodiment of these values, and the confidence that American power is generally applied on the side of justice make an almost ideal ideological basis for assuming the role of freedom's global steward, of the kindly superindentant of the world's lesser powers.


I propose that this sort of exceptionalism helps explain the well-meaning earnestness of America's diplomats, the ubiquity of American surveillance and intervention, as well as the widespread American hostility toward WikiLeaks. Americans by and large trust their military, their foreign service, and even their spy agencies basically because all of them are full of Americans. If the good patriots keeping the world safe for democracy feel they need to keep certain things secret, then they need to keep certain things secret. To splash those secrets all over the internet is simply to interfere with America's attempt to carry its noble burden, to perform its urgent and necessary task, to make the world a little less safe for democracy. What kind of person would do that?


The more plausible that line of thought sounds to you, the more WikiLeaks will strike you as something akin to a terrorist enterprise. But the more you see a hegemonic America as a problem and not a solution, the more WikiLeaks will strike you as a welcome check on a dangerous, out-of-control hyperpower drunk on its own good intentions. In that case, it may seem that the American political establishment and the collaborating media has grown blind to the hypocrisy so clearly apparent to others in its approach to WikiLeaks because it has forgotten that freedom and democracy have meaning apart from their role in justifying the operations of the far-flung secret-shrouded state.



Fuente Democracy in America, The Economist

sábado, 20 de febrero de 2010

La habían dado a una pareja de estadunidense en adopción

Indígena recupera hija que Justicia de EE.UU. le quitó porque no habla inglés
viernes 19 de febrero, 09:02 PM
México, 19 feb (EFE).- Una indígena del sureño estado mexicano de Oaxaca, que habla lengua chatina, recuperó a su hija menor que nació en EE.UU. y cuya custodia le fue retirada por una Corte por no hablar inglés, informó hoy la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México.
La Corte de Apelación de la ciudad estadounidense Jackson (Misisipi) decidió este viernes entregar la custodia de su hija menor a la indígena mexicana Cirila Baltazar Cruz, y ambas "viajarán en los próximos días" a Oaxaca, donde residirán, indicó la fuente en un comunicado.
El 13 de mayo de 2009, la corte estatal en Misisipi retiró a Baltazar la custodia sobre su hija, argumentando que la madre no hablaba inglés, que carecía de medios económicos para su manutención y que se encontraba en Estados Unidos en calidad de indocumentada, recordó la SRE.
La corte se concedió a la niña en adopción, en primera instancia, a una pareja estadounidense.
En coordinación con organizaciones de la sociedad civil estadounidense, el consulado mexicano gestionó que la mexicana contara con un intérprete y con un abogado defensor, quien interpuso un recurso de apelación exitoso para revertir el referido fallo judicial.
"El Gobierno de México considera que el caso constituía una evidente discriminación y clara violación a los derechos humanos de la connacional, por lo cual no escatimó recursos para brindar el apoyo consular necesario", dice el comunicado.
La cancillería señaló que además "instrumentó acciones específicas como la suscripción de un Memorando de Entendimiento con el estado de Misisipi para prevenir casos similares de discriminación contra mexicanos que pudieran presentarse en el futuro".
En Estados Unidos viven unos 12 millones de mexicanos, de los que la mitad son indocumentados.

Irak, prisioneros

Sábado 20 de febrero de 2010, p. 19
Basora. Los 600 detenidos de una prisión iraquí de la ciudad de Basora iniciaron el pasado jueves un ayuno para protestar por las malas condiciones de encarcelamiento, indicó hoy un miembro del consejo provincial. “Los 600 detenidos de la prisión de Al Mina (...) están en huelga para protestar contra las malas condiciones de detención en esta prisión, que ni siquiera convendría como establo a los animales”, afirmó Hussein Ali Hussein, consejero perteneciente al movimiento del jefe radical chiíta Moqtada Sadr. Precisó que de los 600 prisioneros, 200 pertenecen al movimiento. Los huelguistas “exigen el remplazo del director general (de la prisión) y piden a la Cruz Roja inspeccionar el lugar de detención”, añadió. Según Naciones Unidas, hay actualmente en Irak más de 44 mil detenidos en las prisiones. Por otro lado, mandos militares de Estados Unidos revelaron hoy que a partir de septiembre próximo se llamará Operación Nuevo Amanecer la ofensiva estadunidense en territorio iraquí.

domingo, 14 de febrero de 2010

Un sitio oficial del gobierno de Estados Unidos dedicado al cambio climático

Estados Unidos y el cambio climático
El gobierno de Estados Unidos ha abierto un sitio oficial dedicado a difundir noticias relacionadas con el cambio climático y sus actividades en diferentes partes del mundo. Ver:

jueves, 11 de febrero de 2010

Algo de lo mejor de la historia de Estados Unidos, hermoso, digno de visitar


Un amplio reportaje multimedia de la revista The New Yorker a lo mejor de la historia reciente de los Estados Unidos: la lucha de los afroamericanos por los derechos civiles. Fé, música, teología, cultura, política, deportes. Memorable.


The Promise
February 15, 2010
An interactive portfolio about the civil-rights era, with contemporary portraits by Platon, historical photographs, interviews, and audio commentary by David Remnick, whose written introduction appears below the portfolio.


A few weeks before his Inauguration, Barack Obama called the Reverend Joseph Lowery, Martin Luther King, Jr.,’s ally in the Southern Christian Leadership Conference, who was now eighty-seven years old. Obama left a message and asked him to call on his cell phone. Lowery had introduced Obama at the pulpit of Brown Chapel A.M.E. Church, in Selma, Alabama, at a commemoration of Bloody Sunday, the 1965 march during which policemen clubbed and gassed hundreds of protesters. He had campaigned with Obama in Iowa and Georgia. Unlike some leaders of the civil-rights generation, Lowery had set aside his relationship with the Clintons and had been with Obama from the start. Returning Obama’s call, he said, “I am looking for the fellow who is going to be the forty-fourth President.”
“Well, I believe that would be me, Brother Lowery,” Obama replied.
When Obama asked him to give the benediction on January 20th, Lowery said, “Let me check my calendar.” Then, after a long pause, he said, “Hmm, I do believe I am free that day.” News of the honor spread quickly. Some of Lowery’s friends wanted to know why Rick Warren, an evangelical leader with conservative views on homosexuality, abortion, and stem-cell research, had been granted the honor of giving the invocation. “Don’t worry,” Lowery told them. “This way, I get the last word.”
Lowery sat near the Supreme Court Justices, shivering in the cold. (“They promised there would be heat.”) When his turn came to speak, he stepped slowly to the microphone; as he looked out at the crowd of almost two million on the Mall, he could see the monuments, blurry in the distance. For a second or two, he was overwhelmed by a kind of hallucination: “When you have eighty-seven-year-old eyes, there is always a haze. But the eyes of my soul at that moment could see the Lincoln Memorial and the ears of my soul could hear Martin’s voice on the steps of the Lincoln Memorial summoning the nation to move out of the low land of race and color to the higher ground of the content of our character. And I thought the nation had finally responded to the summons, nearly forty-six years later, by inaugurating a black man as the forty-fourth President of the United States.”
In a worn, growly whisper, Lowery began his benediction with James Weldon Johnson’s “Lift Every Voice and Sing.” Johnson, as the principal of a segregated school in Jacksonville, Florida, wrote the poem in 1900, in honor of Abraham Lincoln’s birthday. By the nineteen-twenties, the hymn, with music written by Johnson’s brother, was known as the black national anthem and was sung in black churches and schools as a form of protest against Jim Crow and to celebrate a faith in a higher American ideal. Standing a few feet from the first African-American President, Lowery read the final verse:
God of our weary years,God of our silent tears,Thou who has brought usthus far along the way,Thou who has by Thy mightled us into the light,Keep us forever in the path,we pray. . . .
For months, Lowery had been suffering from severe back and leg pain. His voice was not as strong as it was in Selma, when he helped ignite Obama’s campaign, but he had come prepared with a prayer crafted for the historical moment. In closing, he was both sly and full of feeling:
Lord, in the memory of all the saints, who from their labors rest, and in the joy of a new beginning, we ask you to help us work for that day when black will not be asked to get back, when brown can stick around, when yellow will be mellow, when the red man can get ahead, man, and when white will embrace what is right.
Obama, who had bowed his head in the posture of prayer, broke into a broad smile. Lowery claimed later that he was improvising on the familiar Sunday-school song “Jesus Loves the Little Children,” but the language he was playing with was really from an old saying taken up by Big Bill Broonzy’s blues lament “Black, Brown, and White.” The riff was a gesture both joyful and wary, a recognition of historic progress and a reminder that the day of post-racial utopia had yet to come. Still, some commentators, including Rush Limbaugh and Glenn Beck, could see only anti-white malice in Lowery’s words. “Even at the Inauguration of a black President,” Beck said, “it seems white America is being called racist.”
Nearly a year later, a couple of weeks before the 2010 State of the Union address, I spoke with Obama in the Oval Office and asked about that day. “I have to tell you that you feel a little disembodied from it,” he said. “Never during that week did I somehow feel that this was a celebration of me and my accomplishments. I felt very much that it was a celebration of America and how far we had travelled. And that people were reaffirming our capacity to overcome all the old wounds and old divisions, but also new wounds and new divisions.”
In the matter of décor, Obama had altered the Oval Office only slightly. The Resolute desk, a gift from Queen Victoria to Rutherford B. Hayes, is still there; an antique grandfather clock still ticks the seconds, an unnervingly loud reminder to the occupant that the stay is brief. But Obama made one striking change. He returned a bust of Winston Churchill by the sculptor Jacob Epstein to the British government, which had lent it to George W. Bush as a gesture of solidarity after the attacks of September 11, 2001, and replaced it with busts of Abraham Lincoln and Martin Luther King, Jr.
The black freedom struggle defines the American experience. It is a struggle that has applied prolonged moral and political pressure to the promises of the Constitution and America’s self-conception. Its culminating drama was Southern, nonviolent, and religious, and centered largely on King and his times—from 1954 to his assassination, in 1968. But the struggle, which remains unfinished, is immensely more diverse and complicated than the schoolbook version. “One thing that I think the history books, and the media, have gotten very wrong is portraying the movement as Martin Luther King’s movement, when in fact it was a people’s movement,” Diane Nash, a founder of the Student Nonviolent Coordinating Committee, said. “If people understood that it was ordinary people who did everything that needed to be done in the movement, instead of thinking, I wish we had a Martin Luther King now, they would ask, ‘What can I do?’ Idolizing just one person undermines the struggle.” Indeed, the struggle began with slave rebellions and fugitive churchmen; it has encompassed integrationists and nationalists, nonviolence and armed uprising, churchwomen and secular Third World liberationists, sharecroppers and intellectuals, heroes and eccentrics.
Many of the crucial leaders and foot soldiers of the civil-rights era, the movement’s postwar apogee, are gone––lost to age or martyred, like King, Medgar Evers, Malcolm X, and the four schoolgirls killed in the dynamiting of the Sixteenth Street Baptist Church, in Birmingham, in 1963. But for the past three months the photographer Platon has travelled across the country in an attempt to honor at least some of the iconic figures of the movement, including a few who were just schoolchildren when they played their role in history. He reassembled old comrades: the nine students, now in their sixties and seventies, who, in 1957, integrated Central High School in Little Rock; surviving leaders of the Southern Christian Leadership Conference, SNCC, and the Black Panthers; the daughters of Malcolm X. You’ll find a selection of Platon’s work, along with archival images from the civil-rights era and interviews with many of Platon’s subjects.
“The world is white no longer and it will never be white again,” James Baldwin wrote in 1953, and Obama’s Presidency is the latest embodiment of that truth. As a teen-ager coming to grips with his inheritances and his identity, Obama read the memoirs of Baldwin, Richard Wright, Ralph Ellison, and Malcolm X (a tradition that he eventually joined, with his “Dreams from My Father”). As a college student, he went to hear Stokely Carmichael speak and Jesse Jackson debate. As a law professor, he assigned readings from Martin Delany, Frederick Douglass, Booker T. Washington, W. E. B. Du Bois, Marcus Garvey, and Martin Luther King, Jr.
“I am a direct beneficiary of their sacrifice and their effort—my entire generation is,” Obama said. “There is a certain awe that I continue to hold when I consider the courage, tenacity, audacity of the civil-rights leaders of that time. They were so young. That’s what always amazes me. King was twenty-six when Montgomery starts.” He disavowed any comparison between their difficult and risk-fraught struggles and his political campaigns, saying, “They are related only in the sense that at the core of the civil-rights movement—even in the midst of anger, despair, Black Power, Stokely Carmichael, Huey Newton, all that stuff—there is a voice that is best captured by King, which says that we, as African-Americans, are American, and that our story is America’s story, and that by perfecting our rights we perfect the Union—which is a very optimistic story, in the end.
“It’s fundamentally different from the story that many minority groups go through in other countries,” he continued. “There’s no equivalent, if you think about it, in many other countries—that sense that, through the deliverance of the least of these, the society as a whole is transformed for the better. And, in that sense, what I was trying to communicate is: we didn’t quite get there, but that journey continues.”

El cambio climático toca a la puerta en Washington y hay quienes no quieren verlo

Snowstorm: East Coast Blizzard Tied to Climate Change


By BRYAN WALSH Bryan Walsh – Wed Feb 10, 3:50 pm ET
As the blizzard-bound residents of the mid-Atlantic region get ready to dig themselves out of the third major storm of the season, they may stop to wonder two things: Why haven't we bothered to invest in a snow blower, and what happened to climate change? After all, it stands to reason that if the world is getting warmer - and the past decade was the hottest on record - major snowstorms should become a thing of the past, like PalmPilots and majority rule in the Senate. Certainly that's what the Virginia state Republican Party thinks: the GOP aired an ad last weekend that attacked two Democratic members of Congress for supporting the 2009 carbon-cap-and-trade bill, using the recent storms to cast doubt on global warming. (See pictures of the massive blizzard in Washington, D.C.)
Brace yourselves now - this may be a case of politicians twisting the facts. There is some evidence that climate change could in fact make such massive snowstorms more common, even as the world continues to warm. As the meteorologist Jeff Masters points out in his excellent blog at Weather Underground, the two major storms that hit Philadelphia, Baltimore and Washington, D.C., this winter - in December and during the first weekend of February - are already among the 10 heaviest snowfalls those cities have ever recorded. The chance of that happening in the same winter is incredibly unlikely.
But there have been hints that it was coming. The 2009 U.S. Climate Impacts Report found that large-scale cold-weather storm systems have gradually tracked to the north in the U.S. over the past 50 years. While the frequency of storms in the middle latitudes has decreased as the climate has warmed, the intensity of those storms has increased. That's in part because of global warming - hotter air can hold more moisture, so when a storm gathers it can unleash massive amounts of snow. Colder air, by contrast, is drier; if we were in a truly vicious cold snap, like the one that occurred over much of the East Coast during parts of January, we would be unlikely to see heavy snowfall. (See pictures of the effects of global warming.)
Climate models also suggest that while global warming may not make hurricanes more common, it could well intensify the storms that do occur and make them more destructive. (Comment on this story.)
But as far as winter storms go, shouldn't climate change make it too warm for snow to fall? Eventually that is likely to happen - but probably not for a while. In the meantime, warmer air could be supercharged with moisture and, as long as the temperature remains below 32°F, it will result in blizzards rather than drenching winter rainstorms. And while the mid-Atlantic has borne the brunt of the snowfall so far this winter, areas near lakes may get hit even worse. As global temperatures have risen, the winter ice cover over the Great Lakes has shrunk, which has led to even more moisture in the atmosphere and more snow in the already hard-hit Great Lakes region, according to a 2003 study in the Journal of Climate. (Read "Climate Accord Suggests a Global Will, if Not a Way.")
Ultimately, however, it's a mistake to use any one storm - or even a season's worth of storms - to disprove climate change (or to prove it; some environmentalists have wrongly tied the lack of snow in Vancouver, the site of the Winter Olympic Games, which begin this week, to global warming). Weather is what will happen next weekend; climate is what will happen over the next decades and centuries. And while our ability to predict the former has become reasonably reliable, scientists are still a long way from being able to make accurate projections about the future of the global climate. Of course, that doesn't help you much when you're trying to locate your car under a foot of powder.
See TIME's special report on the Copenhagen climate-change summit.

domingo, 7 de febrero de 2010

Como diría un paisano mío: "Nótese la mirada soñadora del poeta"

EEUU: Ex candidata Palin llama a conservadores a la revolución
NASHVILLE, Tenesí, EE.UU. (AP) - "Estados Unidos está listo para otra revolución", declaró la ex candidata republicana a vicepresidente Sarah Palin al atacar al presidente demócrata Barack Obama en un discurso ante activistas de una nueva coalición conservadora que serían su base natural si decide buscar la presidencia.

"Este movimiento se trata de la gente", dijo el sábado la ex gobernadora de Alaska mientras la multitud la ovacionaba. "Se supone que el gobierno debería estar trabajando para la gente".
Palin se burló de las promesas de cambio y esperanza de Obama de un año atrás al referirse a las recientes derrotas de los demócratas en elecciones a nivel estatal. "¿Cómo les está yendo con (eso)?", preguntó.
El público ondeó banderas y estalló en ovaciones varias veces durante el discurso de Palin, el principal en la primera convención nacional de la coalición de "partidos del té". Esta es un movimiento conservador creado por ciudadanos independientes, enojados con el crecimiento de la estructura gubernamental, del gasto público y por las políticas de Obama en general. El nombre se refiere al grupo de patriotas que destruyeron cajas de té en Boston en 1773 como protesta contra el impuesto que quería imponer la Corona británica a esa mercancía.
El discurso de Palin, poblado de sus conocidas bromas y su estilo coloquial, fue como una arenga de 45 minutos para el movimiento. También estuvo lleno de críticas a Obama y los demócratas que controlan el Congreso. Sin embargo, más allá de expresar principios amplios del conservadurismo _menos impuestos, priorizar la defensa nacional_, Palin no mostró ideas de políticas concretas, las que suelen indicar que alguien se está preparando para competir por llegar a la Casa Blanca.
Algunos observadores republicanos dicen que Palin parece haberse dedicado más a convertirse en una celebridad política que en una candidata interesada en políticas.
Palin habló de limitar al gobierno, respetar la Constitución estrictamente y del "derecho dado por Dios" a la libertad.
Dijo que este movimiento "fresco, joven y frágil" es el futuro de la política estadounidense porque es un "llamado a la acción" para que los dos principales partidos cambien su manera de funcionar.
"Ustedes han puesto a correr, asustadas, a las dos maquinarias partidarias", dijo.
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En internet:
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sábado, 6 de febrero de 2010

Y no mencionan a Colombia... ¿tapar lo de las matanzas?

DURO INFORME DE LA INTELIGENCIA NORTEAMERICANA ANTE EL CONGRESO APUNTA A CHAVEZ
Disparan a Venezuela en Washington
El director nacional de Inteligencia de EE.UU. informó al Congreso sobre las amenazas a la seguridad de su país. Y remarcó a Chávez y su “populismo” como centro de un eje antiamericano de varios países.

(Foto) John Dinger, el jefe de la CIA Leon Panetta, Dennis Blair y el director del FBI, Robert Mueller, en el Congreso.

Por David Brooks Q
Desde Nueva York
El jefe de Inteligencia de EE.UU. informó al Congreso sobre las principales amenazas que enfrenta Estados Unidos, e identificó el “populismo” antiamericano y anticapitalista encabezado por Venezuela como el más serio en América latina. A nivel mundial la lista incluye la guerra cibernética, la crisis económica, Al Qaida, el narcotráfico y el cambio climático.
En la evaluación de América latina, Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional, asegura que la gobernabilidad “democrática” permanece firme en la región, algo definido como gobiernos comprometidos con la “democracia representativa, liberalización económica y relaciones positivas con Estados Unidos”. Pero advirtió que en algunos países la “democracia y políticas de mercado” permanecen en riesgo por crimen, corrupción y mala gobernabilidad, algo que la crisis económica ha empeorado, y señaló a México y Centroamérica, donde los carteles de droga y la violencia “minan la seguridad básica”.
La otra amenaza a la gobernabilidad democrática proviene de “líderes populistas electos que proceden hacia un modelo político y económico más autoritario y estatista”. Mencionó a Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y advirtió que estos países se han ligado para “oponerse a la influencia y políticas de Estados Unidos en la región”. Venezuela es identificada como el líder de estas fuerzas: “Hugo Chávez se ha establecido como uno de los detractores internacionales de Estados Unidos más reconocido, por sus denuncias contra la democracia liberal y el capitalismo de mercado, y su oposición a las políticas e intereses de la región”.
No sólo ha impuesto un “modelo político populista autoritario” en su país, sino que ha formado una alianza de “líderes radicales en Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, recientemente, Honduras”, que se oponen a casi toda iniciativa de política norteamericana en el área.
Ante esta evaluación, el embajador de Venezuela en Washington, Bernardo Alvarez, envió una carta al Congreso en la que denuncia los calificativos hacia su país en la evolución de Inteligencia. “Como en años pasados, el informe está lleno de acusaciones políticamente motivadas y cínicas contra mi país... Venezuela es una nación soberana que demanda respeto a su derecho de marcar su propio destino”, afirmó. Agregó que este tipo de informes fueron empleados por el gobierno de George W. Bush para alentar el golpe contra el presidente Hugo Chávez en 2002. Advirtió a los legisladores que “una vez más estamos viendo intentos para criminalizar a nuestro gobierno y alentar a sectores de la oposición venezolana que buscan maneras no democráticas para alcanzar el poder”. En su carta responde punto por punto a las afirmaciones críticas hacia Venezuela.
Blair, en referencias breves a otros países de la región, señala que Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador continúan imponiendo cambios para mantenerse en el poder de manera autoritaria, y que las relaciones con Washington han empeorado desde que Morales expulsó al embajador estadounidense y agentes de la DEA y cuando Correa no renovó el contrato de una base militar. Mientras tanto, Brasil es calificado como lo mejor de la región: “Brasil, con una democracia estable y competitiva y una economía robusta, es una de las historias de éxito en la región”.
A la vez, advierte que el crimen y corrupción crecientes en el norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) ponen a prueba esos gobiernos, e indica que las tasas de homicidios ubican esa región entre las más violentas del mundo. Afirma que Honduras aún enfrenta “incertidumbre política” y que su nuevo gobierno tendrá que batallar para lograr el reconocimiento internacional a la vez que enfrenta la oposición de los simpatizantes “más radicales” del depuesto ex presidente Manuel Zelaya. Cuba ha “demostrado pocas señales de que desea una relación más cercana con Estados Unidos”, mientras atraviesa dificultades económicas, amortiguadas en parte por el petróleo venezolano. “El presidente Raúl Castro teme que un cambio económico rápido o significativo minaría el control del régimen y debilitaría a la revolución, y su gobierno muestra nula señal de aflojar su represión de disidentes políticos”.
A escala mundial, la principal amenaza que enfrenta Estados Unidos identificada por el jefe de Inteligencia se ubica no en algo físico, sino en el ciberespacio. “La seguridad nacional de Estados Unidos, nuestra prosperidad económica, el funcionamiento cotidiano de nuestro gobierno depende de una infraestructura de información pública y privada, la cual incluye telecomunicaciones, redes y sistemas de computación y la información dentro de éstas. Esta infraestructura está severamente amenazada”, afirmó.
La expansión exponencial del universo cibernético es vulnerable a aquellos que desean dañar los bienes públicos y privados “vitales a nuestros intereses nacionales”, indica Blair. “Enfrentamos a estados nación, redes terroristas, grupos de crimen organizado, individuos y otros actores cibernéticos con combinaciones diversas de acceso, sofisticación técnica e intención. Muchos tienen la capacidad para atacar elementos de la infraestructura informática de Estados Unidos para la recaudación de inteligencia, el robo de propiedad intelectual o la interrupción”, agregó, al anunciar masivas iniciativas para evaluar la amenaza.
Blair hizo referencia a una amplia gama de amenazas y preocupaciones, incluidas la crisis económica internacional, el reto de la energía, la amenaza latente de Al Qaida, la proliferación de armas de destrucción masiva y las dinámicas políticas en Medio Oriente, o países como China, India y Rusia. Recordó que el cambio climático tendrá implicaciones amplias para la seguridad estadounidense durante los próximos 20 años, ya que “agravar problemas mundiales existentes –como la pobreza, las tensiones sociales, la degradación ambiental, el liderazgo
inefectivo e instituciones políticas débiles– que amenazan la estabilidad estatal (...) El cambio climático por sí solo probablemente no detonará fracaso en ningún estado hasta 2030, pero podría contribuir potencialmente a conflictos intra, o menos probable, interestatales”.
* De La Jornada, de México. Especial para Página/12.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Los derechos humanos siguen a la baja en la Colombia de Uribe

NO CONTENTO CON PEDIR QUE LOS ESTUDIANTES LO SEAN, EL PRESIDENTE DE COLOMBIA EXPANDE SU POLITICA DE SEGURIDAD

Uribe quiere a los taxistas de informantes

“Hay que escoger entre una cultura de pasividad frente al crimen o una cultura de compromiso contra él”, dijo el mandatario de línea dura con la insurgencia. “El espionaje no puede ser obligatorio”, opinó el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina

Por Katalina Vásquez Guzmán

Desde Medellín

Sin refrescar la polémica que produjo la propuesta de pagar a estudiantes informantes en Medellín, esta semana empezó otra controversia. Ahora el presidente Alvaro Uribe quiere en Cali –otra de las ciudades donde las disputas mafiosas dispararon la violencia– que los taxistas sean dotados con radios avanteles y se conviertan también en informantes. “Hay que escoger entre una cultura de pasividad frente al crimen o una cultura de compromiso contra el crimen”, dijo Uribe para justificar las propuestas que evidencian su interés por promover una cultura de espionaje y expandir la política de seguridad democrática, aun cuando ello disminuya las garantías y libertades de una democracia, como lo señalan los más críticos.

Para la oposición, los defensores de derechos humanos y algunos líderes del sector educativo, la propuesta de la semana pasada ya apuntaba a poner en riesgo a los mismos estudiantes y, en general, al Estado democrático. Hoy la preocupación aumenta por lo anunciado para los taxistas, pues durante el Consejo de Seguridad del lunes, cuando lanzó su propuesta, el presidente afirmó que los ciudadanos tendrán que escoger entre ser solidarios o encubridores del crimen.

“No puede ser obligatorio”, dijo el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, sobre la sentencia de Uribe. Para él, la afirmación “es un poquito dura. Las cosas no son así. Hay muchas personas que, debido a sus contextos familiares, personales y de barrio, no pueden trasmitir información porque ponen en peligro sus vidas”. Ospina cree que la ciudad que gobierna está pasando por “un momento donde la muerte acecha” y, justamente por eso, no es propio exponer a los 30 mil taxistas que trabajan allí obligándolos a “cooperar”. “Debe depender más del apoyo desinteresado y solidario y menos de una intención de crear vínculos como militantes”, explicó el alcalde en radiodifusoras nacionales.

Para los taxistas el botín prometido es de unos dos mil quinientos dólares, lo que supera ampliamente el auxilio mensual de cincuenta dólares ofrecido a los mil estudiantes universitarios que Uribe busca en Medellín para que aporten información a la policía y el ejército colombianos. Todo con el fin, se justifica, de reducir los índices de homicidios de jóvenes, principales víctimas de este crimen. El año pasado fueron 2174 en Medellín. En Cali, tan sólo en enero, fueron asesinadas 147 personas. Desde allí el presidente afirmó que “todo ciudadano que nos dé una información efectiva sobre un homicida va a recibir una recompensa básica de cinco millones de pesos”.

Johny Rangel, líder de la Red de Amigos de Taxistas Unidos de Cali, dijo que los conductores van a “colaborar”. Los taxistas están agremiados en esa red desde al año pasado, cuando fueron asesinados veinte de ellos. “Optamos por ser parte de la solución, no podemos seguir así”, afirmó a los medios. Al ser consultado sobre la obligación de pertenecer a la nueva red de informantes, Rangel dijo que “esto es una decisión individual”. “Pero no es que los taxistas adelanten labores de inteligencia en la ciudad –aclaró el alcalde–. Para ello se demandan personas muy calificadas, con muchas cualidades, talento e inteligencia, no un civil como es un taxista.”

Por su parte, el comandante de la Policía Nacional, general Oscar Naranjo, defendió la propuesta de Uribe diciendo que lo que se pretende es “darles a entender a los delincuentes que no pueden seguir, impunemente, victimizando al pueblo”. Y recordó que la “cooperación” de taxistas alrededor del crimen no es nada nuevo en Colombia. “Es promocionar la participación y canalizar la información de los taxistas hacia la Policía, una iniciativa que no es de ayer. Se tienen alianzas con ellos hace más de veinte años”, afirmó. Según la revista Semana, hoy existen unos 30 mil conductores de servicio público en diferentes ciudades colombianas que trabajan para la policía informando sobre movimientos sospechosos. Gracias a su oficio y a los equipos que manejan se les facilita alertar a las autoridades. Naranjo explica que “los taxistas son los mejores vigías de una ciudad y son una fuente de información valiosísima para proteger los intereses de la comunidad”.

El derecho a la vida lo tenemos que defender todos, fue la razón que dio Uribe al defender desde Davos la idea de estudiantes informantes en Medellín, y es hoy la misma explicación del alcalde de Cali para recomendar cuidado en la interpretación de la más reciente propuesta. “No hay que ponernos en riesgo. Esa no sería una apuesta apropiada”, concluyó Ospina.



EE.UU. ACHICA EL FINANCIAMIENTO AL PLAN COLOMBIA Y MERIDA

Un recorte a la ayuda antinarcótica

México y Colombia, los dos aliados latinoamericanos de Washington, también sufrieron por los recortes presupuestarios de Barack Obama para el 2011. El Plan Colombia recibirá 465 millones de dólares, 75 millones menos que este año, y su versión para México y Centroamérica, el Plan Mérida, obtendrá 410 millones, 140 millones menos. Ninguno de los dos países se quejó y desde el gobierno norteamericanos desmintieron cualquier malestar. “Ahora nos movemos a una etapa diferente del programa. Es una razón positiva para ver que los números bajen, pero hemos sido cuidadosos en este presupuesto de no mantener niveles por razones simbólicas sino usar lo más cuidadosamente posible los escasos recursos para la diplomacia y el desarrollo”, explicó el secretario adjunto de gerencia y recursos del Departamento de Estado, Jacob Lew.

Pero hace diez días un grupo de senadores demócratas le había pedido a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que replanteara el Plan Colombia. Según una carta que salió a la luz, denunciaban que el plan no había producido avances significativos en la lucha contra el narcotráfico en Colombia y Estados Unidos, y que además financiaba a unas Fuerzas Armadas con un grave historial de violaciones a los derechos humanos. Ayer el embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, y su par colombiana en Washington, Carolina Barco, rechazaron que existiera una relación entre las críticas del ala progresista del oficialismo y la decisión de Obama de recortar los fondos.

Por las dudas, el ministro de Defensa colombiano Gabriel Silva ya programó un viaje a Washington para el lunes próximo para recordarles a los legisladores demócratas la importancia del Plan Colombia, un plan en el que Estados Unidos ya lleva gastados más de 7000 millones de dólares. El vicepresidente Francisco Santos ya había intentado ganarse los corazones del ala progresista de los demócratas la semana pasada en la capital norteamericana. Todo indica que no tuvo suerte.

El lobby mexicano no fue tan evidente y ayer el gobierno de Calderón evitó hablar del tema. De los 410 millones del Plan Mérida, 310 millones estarán dedicados a México y los restantes cien a los países centroamericanos. Mérida es un programa de 1400 millones de dólares destinado a apoyar con material, personal y entrenamiento a las fuerzas de seguridad en México, América Central y el Caribe en su lucha contra el crimen organizado. Washington lo creó luego de que el presidente mexicano Felipe Calderón desplegara miles de soldados en todo su territorio para perseguir y combatir a los narcos en cualquier parte, una ciudad, un pueblo.

EE.UU. a un año de la era Obama (análisis)

ESCENARIO

Tenemos que hablar

por Santiago O'Donell

Tenemos que hablar del discurso de Obama. El martes a la noche, en una sesión bicameral del Congreso, Obama pronunció el discurso que allá en Estados Unidos llaman del “Estado de la Unión”. Vendría a ser el equivalente a los discursos que el presidente o la presidenta dan acá todos los años para inaugurar las sesiones legislativas.

Obama había arrancado su mandato en la cima de la popularidad, pero tras un año por debajo de las expectativas, por decirlo suavemente, sus índices de aprobación están en caída libre y ya se acercan a los cuarenta puntos, un piso impensable doce meses atrás. Por eso estuvo bueno que reconociera que se equivocó.

Dijo que su principal error fue haber perdido el contacto con la gente. Eso está claro. Por más que se haya pasado meses enteros recorriendo el país con sus foros ciudadanos sobre la reforma sanitaria, es evidente que perdió el contacto con la gente. Lo dicen todos los sondeos de opinión: él quería una cosa pero la gente pedía otra y por eso fue perdiendo popularidad.

El quería, claro, reformar el sistema de salud. Por eso se la pasó viajando y hablando del tema. Para darle cobertura al menos a buena parte de los 42 millones de estadounidenses que no la tienen y para mejorar la cobertura que reciben los demás. Esa había sido la principal promesa de su campaña.

Bah, ha sido la principal promesa de campaña de todos los candidatos y precandidatos demócratas del último siglo, pero ninguno de ellos había podido cumplirla. Obama quería romper esa racha y entrar en la historia por la puerta grande.

Una apuesta ambiciosa, una batalla durísima. Nada menos que los nenes de la industria del seguro y la industria farmacéutica, más la burocracia estatal, la industria del juicio, la corporación médica y los dueños de los hospitales privados.

Pensó que había que golpear de entrada, en plena luna de miel, con viento de cola y mayorías amplias en las dos cámaras del Capitolio. Y decidió que a la reforma la vendería él, por lejos el personaje más popular de su gobierno, que la reforma sería él.

Y se equivocó porque la gente no quería hacer historia, quería llegar a fin de mes. Quería que se dejara de joder con los grandes temas internacionales como las guerras y el medio ambiente, con el show off de dirigir personalmente la operación de rescate del capitán secuestrado por piratas somalíes en la otra punta del mundo.

Que se deje de joder. Todo el día discutiendo con la oposición republicana y los lobbies de los gigantes del sistema de salud, como si fuera la madre de todas las batallas. Mientras tanto ellos tenían que soportar la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Querían que bajara el desempleo pero el desempleo no bajó, querían que cambiara la economía pero la economía no cambió.

Porque Obama estaba en otra cosa y porque no quiso abrir otro frente con los nenes de Wall Street. Entonces les dio un megarrescate y los dejó tranquilos y ellos hicieron lo que saben hacer cuando los dejan tranquilos: record de ganancias en la Bolsa, bonificaciones estratosféricas, cero regulación, cero reforma, cero derrame hacia la economía real. Derivativos, banca off shore, bonos basura, carteras tóxicas, paraísos fiscales. Más de lo mismo pero con algunos agravantes. Más de lo mismo pero en medio de una terrible crisis que ellos mismos generaron. Más de lo mismo pero con fondos públicos. Fumando la guita del megarrescate.

El martes Obama reconoció que el megarrescate había sido “tan popular como un tratamiento de conducto en una muela”. Horas antes había sacudido el ambiente al imponer las regulaciones más estrictas que había conocido Wall Street desde los tiempos de Roosevelt. Algo es algo.

Ahora dice que va a ocuparse de la gente y de sus problemas. Dice que la reforma de salud tiene que salir, pero ya no es la prioridad. Admite que el mundo sigue existiendo, pero sólo le dedicó nueve minutos en un discurso de hora y media.

En cambio de economía habló largo y tendido. Propuso una reducción de impuestos para los dueños de las pymes y un paquete para reconvertir empresas al uso de energía no contaminante. Hasta tren bala propuso. Claro, para un país de primer mundo. Y prometió mucha obra pública. A financiarse con los millones que les prestaron a los bancos. Que devuelvan la guita, desafió Obama, ya que tan bien les fue el año pasado, a juzgar por las grandes bonificaciones que se repartieron.

Porque aunque lo acusen de populista, la pulseada con Wall Street, con los lobbies y con la burocracia de Washington recién empieza, dijo el presidente. “Acabo de terminar el discurso del Estado de la Unión y quería mandarles unas líneas para que sepan que no me daré por vencido”, escribió en el Facebook.

O sea, se nota un cambio, al menos en la retórica. Se nota la intención de hacer, o al menos decir, lo que le pide la gente. Cuando le pegó a Wall Street el martes, aplaudieron hasta los legisladores republicanos, que no son ningunos tontos.

Y porque no son tontos hicieron todo lo posible para frenarle la reforma de salud a Obama, para forzarlo a perder el tiempo peleando contra ellos mientras se estira el desenlace y se desgasta la imagen presidencial porque la gente prefiere que ponga sus energías en otro lugar.

La reforma ya tiene media sanción, pero hace dos semanas los republicanos ganaron una elección en Massachusetts por la banca de Teddy Kennedy que les quitó a los demócratas la “supermayoría” en el Senado. El ganador, Scott Brown, había nacionalizado la campaña, pero Obama podría haberse hecho el distraído. Sin embargo, el presidente reconoció el martes que el derrotado había sido él, y que la derrota había sido “merecida”.

Porque la gente allá en Estados Unidos no quería que los políticos se pelearan todo el tiempo. Quería que se pusieran de acuerdo en alguna cosa y que hicieran algo, y si sirve para mejorar la economía y combatir el desempleo, tanto mejor.

El martes Obama habló de la herencia recibida y del obstruccionismo sistemático de la oposición. Pero en vez de echarles la culpa a los demás se hizo cargo –perdí el contacto, merecí perder– y llamó al diálogo, o más bien al cogobierno: “A los líderes republicanos que van a insistir en que 60 votos en el Senado son necesarios para hacer cualquier cosa en esta ciudad –una supermayoría– entonces la responsabilidad de gobernar ahora es de ustedes también. Decirle no a todo podrá ser buena política en el corto plazo, pero no es liderar”.

A veces es bastante obvio lo que pide la gente, pero los presidentes, sumidos en sus entornos, no siempre lo entienden. El martes Obama dio señales de entender.

“No es que yo crea que la prioridad de los estadounidenses sea asegurarse sus empleos –arrancó diciendo–. La prioridad de los estadounidenses es asegurarse sus empleos.” Era el reconocimiento que todos los estadounidenses querían escuchar.

No es que Obama se merezca el aplauso por reconocer sus errores y decir que va a pegar un golpe de timón. Es lo menos que puede esperarse de un presidente después de un año entre malo y desastroso. Aun así, del dicho al hecho hay todo un trecho y, más que palabras, lo que exigen los estadounidenses son acciones concretas que arrojen resultados palpables.

Tampoco hace falta coincidir con las prioridades de la opinión pública norteamericana. A uno le gustaría que Obama se ocupara un poco más de las chanchadas que dejó Bush por el mundo, pero se puede entender que allá las urgencias sean otras.

Por eso tenemos que hablar del discurso. Porque cuando a un presidente las mediciones le dan mal, no un día o una semana porque tomó una medida necesaria pero impopular, sino varios meses de deterioro progresivo, entonces es que algo no funciona.

Cuando eso pasa está bueno que la persona aludida por lo menos reconozca que algo se está haciendo mal, que se comprometa a escuchar más a la gente y que se dé cuenta de que algunas cosas tienen que cambiar.

viernes, 29 de enero de 2010

"En Estados Unidos la corrupción es legal"

Sundance revela el tenebroso sótano del financiamiento político en EEUU
hace 1 hora 44 mins Por Romain Raynaldy

El documentalista estadounidense Alex Gibney retrata, en el Festival de cine de Sundance, la caída a los infiernos del ex 'lobbysta' cercano al Partido Republicano Jack Abramoff, con un filme que ataca la corrupción que gangrena el financiamiento político en Estados Unidos.

Gibney, asiduo de Sundance, ganó en 2008 un premio Oscar por 'Taxi to The Dark Side', un documental sobre los las torturas practicadas por los militares estadounidenses en Afganistán, Irak y la prisión de Guantánamo.
Su último filme, 'Casino Jack and the United States of Money', se presenta en competición en el festival de cine independiente que se celebra hasta el domingo en Park City (Utah, noroeste de Estados Unidos).
El cineasta retrata allí, de un modo profundamente irónico, el auge y caída de Jack Abramoff, quien purga actualmente una pena de seis años de cárcel por corrupción e implicó en su proceso a varios miembros del Partido Republicano que se habían beneficiado con su generosidad.
"En muchos sentidos, Abramoff era a la vez extremadamente serio y profundamente ridículo", declaró Gibney a AFP. "Y ciertas cosas eran demasiado extravagantes y divertidas para poder tratarlas seriamente. Era necesario reír y llorar. Es una comedia, pero el tema de chanza somos nosotros".
Jack Abramoff, un republicano convencido "que veía su vida como una película de acción" -también fue productor de cine- encarnó todos los excesos del 'lobby' estadounidense, que gastó millones de dólares en ganarse las atenciones de los legisladores.
Gibney espera que su filme abra los ojos de los ciudadanos: "Mostrarle a la gente cómo funciona esto. Cuando vas al fondo de la cocina de una fábrica de salchichas, te puede dar miedo. Bien, esta película los lleva a la cocina (del financiamiento político) y eso no es lindo de ver".
"¿En qué otro país del mundo, aparte de los más profundamente corruptos como Indonesia o Nigeria, el dinero se distribuye abiertamente para comprar y vender a responsables políticas? Es profundamente chocante", se indigna Gibney.
Para él, es con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1981 cuando Estados Unidos "sufrió un cambio en sus principios fundamentales".
"Hicimos del dinero el príncipe rey, a través del cual todo debe ser medido: el éxito, el fracaso y, ahora, el sistema político", dijo.
"En Estados Unidos, la corrupción es legal y esto es terrorífico", afirma el cineasta. El financiamiento de campañas electorales, muy poco regulado en Estados Unidos, "es un sistema que legaliza la corrupción".