More Symbols, Mysteries In Dan Brown's New Novel
September 15, 2009
Dan Brown's latest work, The Lost Symbol, follows in the trail of the other books that have made the author a super-best-selling novelist.
Though his books tend to focus on complex symbolism and exciting plot twists, Brown likens them to the treasure hunts his math-teacher father arranged for him and his siblings when they were growing up.
"On Christmas morning, when we were little kids, he would create treasure hunts through the house with different limericks or mathematical puzzles that led us to the next clue," Brown tells Robert Siegel. "And so, for me, at a young age, treasure hunts were always exciting."
Success Changes Little
Set in Washington, D.C., and focused on Freemasonry, Brown's new novel continues the tale of Harvard symbologist Robert Langdon, the same character featured in Brown's fourth novel, The Da Vinci Code, and Angels and Demons.
Since it was published in 2003, The Da Vinci Code has sold more than 80 million copies, and both it and Angels and Demons were made into hit films. Despite the success, Brown says, little has changed in the way he approaches his work.
I still get up every morning at 4 a.m. I write seven days a week, including Christmas, and I still face a blank page every morning. ... My characters don't really care how many books I've sold.
- Dan Brown
Little changes for Langdon in the new book, either. As in the previous novels, the symbologist lands another attractive and intellectually gifted woman:
"[Langdon is] a blessed man in many ways, I guess," Brown says, laughing. "I love building tension in the novels, and certainly having a female traveling companion, there's always a romantic and sexual tension. Even if it's not on the page, it's implied. ... I love the idea of smart women. I find that very attractive, and obviously Langdon does, too."
Hero As Skeptic
In this book — as in Brown's previous novels — Langdon uncovers esoteric mysteries even as he skeptically dismisses them.
"He's a skeptic, and despite what you may believe, I'm something of a skeptic as well," Brown says. "And I think one of the reasons these books have found a mass appeal is that he's skeptical. He's diving into these conspiracy theories from the standpoint of somebody who doesn't believe them.
"And so you can be an intelligent reader and say, 'Well, I'm sort of interested in this, but I really doubt it's real.' And at every point, Langdon is right there with you, doubting it's real."
His books, Brown says, are also attractive to many readers because they show the world through a different lens.
"They show you something you may think you know about, something like Washington, D.C., or the church or symbols, and you get to see them through the lens of a specialist who has a slightly different take on things," he says.
Freemasons
In The Lost Symbol, Langdon — through Brown — provides a crash course on the number 33, Pythagoras, Genesis, Joseph, Jesus and Islam. The novel is, however, in its essence about the Freemasons, a group that has faced centuries of persecution for its secrets.
Brown says he was sensitive to Masonic sensibilities while writing The Lost Symbol.
"There's a point in the book where Langdon makes the point that misinterpreting people's symbols is often the root of prejudice, and part of what I hoped to do with this book is shed some light, from my perspective, on Masonic symbolism and Masonic ritual," Brown says.
He says he is fascinated by Freemasonry because of its message through the ages.
"We live in a world where people kill each other every day over whose definition of God is correct," Brown says. "And here is a worldwide organization that, at its core, will bring people together from many, many different religions, and ask only that you believe in a god, and they'll all stand in the same room and proclaim their reverence for a god. ... And it seems like a perfect blueprint for universal spirituality."
martes, 15 de septiembre de 2009
Unasur, reunión
Ministros Unasur hablan sobre seguridad frente a armamentismo
1 hora, 53 minutos
Por Nelson Bocanegra
1 hora, 53 minutos
Por Nelson Bocanegra
QUITO (Reuters) - Ministros de Defensa y cancilleres de la Unasur se reunían el martes en Ecuador en un intento por lograr más transparencia en sus políticas de seguridad, en momentos en que avanza la carrera armamentista en varios de sus países miembros y reina la disputa por un acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos.
El encuentro tiene como principal reto concretar acuerdos para intercambio de información militar, en medio de los temores que desató un controvertido plan entre Colombia y Estados Unidos, que está próximo a firmarse y que le permitiría a Washington utilizar bases del país andino para operaciones antidrogas.
Además, buscarán fomentar la confianza, basados en el respeto a la soberanía, integridad e inviolabilidad territorial, así como la no injerencia en los asuntos internos de los países miembros, temas en los que se han presentado recientemente numerosos incidentes entre varias de las naciones.
Algunos miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), entre ellos Venezuela y Ecuador, han instado al Gobierno del presidente colombiano Alvaro Uribe a ofrecer los detalles del plan con Washington, argumentando que se trata de un foco de desestabilización de la región.
Pero Uribe, el principal aliado de Estados Unidos en la región, se ha limitado a defender su decisión y a bajarle el tono a las preocupaciones de sus vecinos manifestando que el acuerdo no buscará agredir a terceros.
REGION POLARIZADA
Como reacción, el mandatario venezolano, Hugo Chávez, quien además de restringir las importaciones colombianas, anunció la semana pasada un acuerdo con Rusia para que esa potencia le financie armamento por unos 2.200 millones de dólares.
En tanto, Brasil está negociando algo similar con Francia.
Anticipándose a ellos, Ecuador y Chile fortalecieron su flota aérea recientemente.
La reunión de los funcionarios de alto rango de los países fue convocada luego de que la cumbre de presidentes de la Unasur, el pasado 28 de agosto en Argentina y en la que el punto de discusión fue el plan colombo estadounidense, concluyó sin resultados, en medio de largos discursos.
En ese encuentro, Alan García, presidente de Perú, que a su vez mantiene un diferendo limítrofe con Chile, criticó la carrera armamentista en la región y dijo que los recursos deben más bien ser destinados a solucionar problemas sociales de los pueblos.
Mientras, algunos países han formado bandos, como en el caso de Venezuela, Bolivia y Ecuador, en contra de las pretensiones de Colombia. Otros, como Brasil, Chile y Argentina, han procurado mediar en la polarizada situación.
La reunión se lleva a cabo mientras Quito mantiene rotas sus relaciones diplomáticas con Bogotá tras la incursión de tropas colombianas a la selva ecuatoriana, en marzo del año pasado, para atacar un campamento de la guerrilla de las FARC en el que resultó muerto el líder de ese grupo Raúl Reyes.
En tanto, el enfrentamiento entre Chávez y Uribe por el acuerdo militar con Estados Unidos es el más reciente de una serie de conflictos entre ambos mandatarios de ideas políticas opuestas, que derivó en el recorte del comercio bilateral.
(Reporte de Nelson Bocanegra. Editado por Silene Ramírez)
El encuentro tiene como principal reto concretar acuerdos para intercambio de información militar, en medio de los temores que desató un controvertido plan entre Colombia y Estados Unidos, que está próximo a firmarse y que le permitiría a Washington utilizar bases del país andino para operaciones antidrogas.
Además, buscarán fomentar la confianza, basados en el respeto a la soberanía, integridad e inviolabilidad territorial, así como la no injerencia en los asuntos internos de los países miembros, temas en los que se han presentado recientemente numerosos incidentes entre varias de las naciones.
Algunos miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), entre ellos Venezuela y Ecuador, han instado al Gobierno del presidente colombiano Alvaro Uribe a ofrecer los detalles del plan con Washington, argumentando que se trata de un foco de desestabilización de la región.
Pero Uribe, el principal aliado de Estados Unidos en la región, se ha limitado a defender su decisión y a bajarle el tono a las preocupaciones de sus vecinos manifestando que el acuerdo no buscará agredir a terceros.
REGION POLARIZADA
Como reacción, el mandatario venezolano, Hugo Chávez, quien además de restringir las importaciones colombianas, anunció la semana pasada un acuerdo con Rusia para que esa potencia le financie armamento por unos 2.200 millones de dólares.
En tanto, Brasil está negociando algo similar con Francia.
Anticipándose a ellos, Ecuador y Chile fortalecieron su flota aérea recientemente.
La reunión de los funcionarios de alto rango de los países fue convocada luego de que la cumbre de presidentes de la Unasur, el pasado 28 de agosto en Argentina y en la que el punto de discusión fue el plan colombo estadounidense, concluyó sin resultados, en medio de largos discursos.
En ese encuentro, Alan García, presidente de Perú, que a su vez mantiene un diferendo limítrofe con Chile, criticó la carrera armamentista en la región y dijo que los recursos deben más bien ser destinados a solucionar problemas sociales de los pueblos.
Mientras, algunos países han formado bandos, como en el caso de Venezuela, Bolivia y Ecuador, en contra de las pretensiones de Colombia. Otros, como Brasil, Chile y Argentina, han procurado mediar en la polarizada situación.
La reunión se lleva a cabo mientras Quito mantiene rotas sus relaciones diplomáticas con Bogotá tras la incursión de tropas colombianas a la selva ecuatoriana, en marzo del año pasado, para atacar un campamento de la guerrilla de las FARC en el que resultó muerto el líder de ese grupo Raúl Reyes.
En tanto, el enfrentamiento entre Chávez y Uribe por el acuerdo militar con Estados Unidos es el más reciente de una serie de conflictos entre ambos mandatarios de ideas políticas opuestas, que derivó en el recorte del comercio bilateral.
(Reporte de Nelson Bocanegra. Editado por Silene Ramírez)
Las mafias traficantes de personas sí existen
lunes 14 de septiembre, 10:28 PM
México. 14 Sep. (Notimex).- Luego de una serie de intercambios de información entre autoridades mexicanas y de Estados Unidos se logró la captura de tres personas en México que se dedicaban a privar de la libertad a mujeres en Tlaxcala que después eran transportadas a Atlanta, Georgia, donde las obligaban a prostituirse.
La Procuraduría General de la República (PGR) informó que el Fiscal de la Unidad Especializada de Investigación en Tráfico de Menores, Indocumentados y órganos (UEITMIO), de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), inició una averiguación previa correspondiente.
Las acciones se realizaron después de que hubo denuncias de mujeres victimizadas que en sus declaraciones mencionaron que diversas personas las privaban de su libertad y las obligaban a prostituirse, en Tenancingo, estado de Tlaxcala, y en los Estados Unidos de América.
Por ello, el Ministerio Público de la Federación inició la indagatoria PGR/SIEDO/UEITMIO/034/2009, que fue consignada ante la Juez 5 Federal Penal Especializado en Cateos, Arraigos e Intervención de Comunicaciones, atendiendo a la solicitud ministerial del Fiscal de la UEITMIO, dentro del expediente 369/2009, quien además otorgó autorizaciones para realizar operaciones de cateo en tres domicilios.
Los cateos se realizaron en Calle 3 oriente sin número, sección segunda, en el Municipio de San Miguel Tenancingo, estado de Tlaxcala; el segundo en un local conocido e identificado con el nombre "Novedades y Regalos Diana Berenice", sección segunda, en el Municipio de San Miguel Tenancingo; y en calle Independencia esquina con calle Industrias Oriente sin número, municipio de Papalotla, Tlaxcala, identificado con rótulos "Baños Públicos la Trinidad".
En este último se localizaron indicios y evidencias que corroboran la denuncia, y también fueron rescatados dos menores de edad, de dos y cuatro años, cuyas madres se presume están siendo obligadas a prostituirse, por lo que fueron enviados a la casa cuna Tlalpan del DIF, en el Distrito Federal.
También estableció que en Tenancingo, las jóvenes reclutadas eran recibidas por Emiliano Romero Ramírez y María Juana Rugerio Saucedo, quienes controlaban su salida e, incluso, les impedían salir de ese inmueble.
Posteriormente, las mujeres eran trasladadas a otro estado de la República mexicana y, en ocasiones ingresadas ilegalmente a los Estados Unidos de América, con destino en Atlanta, Georgia.
En esa ciudad, las mujeres eran recibidas por Cristina Hernández Suárez alias "La Alondra" o "La Güera", quien se encargaba de darles instrucciones y obligarlas a prostituirse una vez que estaban en calidad de ilegales.
De acuerdo con las indagatorias, el modo de operar era a través de diversas personas del sexo masculino que se encargaban de localizar, seleccionar y convencer a mujeres jóvenes en varios puntos del país, principalmente en zonas rurales de escasos recursos en Puebla, Tlaxcala, Veracruz, Morelos y Tabasco.
Los "enganchadores", se presentaban ante las mujeres incautas con vehículos ostentosos, las cortejaban y mediante promesas de amor las trasladaban a domicilios en donde las tenían viviendo como sus esposas y luego las obligaban a prostituirse.
En otros casos, las mujeres eran embarazadas para después quitarles a sus hijos, y también obligarlas a prostituirse, bajo la amenaza de que les iban a hacer daño a los menores si no obedecían.
Confirmados los datos, agentes de la PGR realizaron los cateos y localizaron y presentaron ante el Fiscal de la SIEDO a Emiliano Romero Ramírez, María Juana Rugerio Saucedo y/o Cristina Rugerio y Cristina Hernández Suárez alias "Alondra" o "La Güera".
El Ministerio Público de la Federación solicitó la medida cautelar de arraigo, y dentro del expediente 374/2009, la misma autoridad Judicial, decretó el arraigo de las tres personas.
Mujeres de Ciudad Juárez
Mujeres de Juárez protestan con cruces en los muros contra el nombramiento del fiscal
lunes 14 de septiembre, 10:33 PM
México, 14 sep (EFE).- Decenas de mujeres de Ciudad Juárez pintaron hoy cruces ante las oficinas de la fiscalía en esa ciudad en protesta ante la eventual designación como nuevo fiscal general de México del ex responsable de justicia de Chihuahua Arturo Chávez Chávez.
lunes 14 de septiembre, 10:33 PM
México, 14 sep (EFE).- Decenas de mujeres de Ciudad Juárez pintaron hoy cruces ante las oficinas de la fiscalía en esa ciudad en protesta ante la eventual designación como nuevo fiscal general de México del ex responsable de justicia de Chihuahua Arturo Chávez Chávez.
"Nos estamos manifestando en contra de la designación de una persona que nosotros conocimos cuando él se desempeñó como procurador del estado de Chihuahua", dijo a Efe Victoria Caraveo, de la ONG Madres en Busca de Justicia, mientras se manifestaban ante las oficinas de la Procuraduría General de la República (PGR).
"En ese período (de 1996 a 1998) no se hizo absolutamente nada. Las madres no fueron ni recibidas. Se creó una fiscalía al vapor (muy rápido), que era un reclamo general, que no contaba con archivos ni teléfono. No se avanzó en nada", señaló la activista.
Las mujeres se concentraron esta tarde ante la delegación de la PGR en Ciudad Juárez y, sobre una barda de cemento del inmueble pintaron cruces negras sobre un fondo rosa para protestar contra la posible designación de Chávez y exigieron que se les haga justicia.
"El problema más serio es que siguen existiendo mujeres y siguen desapareciendo mujeres, y continúa el crimen", indicó la activista.
Acompañada de unas cuarenta mujeres, Caraveo recordó que Chávez, cuya designación como nuevo titular de la PGR está en manos del Senado, que hoy tenía previsto revisarla, pero que la pospuso, no impulsó las investigaciones sobre mujeres muertas y desaparecidas en Ciudad Juárez.
En los años en que fue responsable de la Fiscalía estatal, en la segunda mitad de los años noventa, el entonces gobernador Francisco Barrios le puso al frente de la administración de justicia en Chihuahua, pero no avanzó en las investigaciones.
Antes de hacerse cargo de la fiscalía el aspirante a dirigir la PGR fue subprocurador de Justicia (1992-1994) y delegado de la PGR en el estado (1994-1996).
Caraveo recordó que la situación sigue siendo grave hoy ya que la ola de violencia que azota a la ciudad también ha costado la vida este año a cerca de un centenar de mujeres entre las casi 1.500 víctimas registradas en la urbe.
Contra la designación de Chávez Chávez en la PGR se han manifestado hasta el momento numerosas ONG y figuras como la periodista Lydia Cacho y la ex titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) Mireille Rocatti.
Ciudad Juárez, localidad fronteriza con El Paso (Texas, EE.UU.), ha sido escenario desde 1993 de más de medio millar de asesinatos de mujeres, la mayoría de los cuales no han sido esclarecidos.
"En ese período (de 1996 a 1998) no se hizo absolutamente nada. Las madres no fueron ni recibidas. Se creó una fiscalía al vapor (muy rápido), que era un reclamo general, que no contaba con archivos ni teléfono. No se avanzó en nada", señaló la activista.
Las mujeres se concentraron esta tarde ante la delegación de la PGR en Ciudad Juárez y, sobre una barda de cemento del inmueble pintaron cruces negras sobre un fondo rosa para protestar contra la posible designación de Chávez y exigieron que se les haga justicia.
"El problema más serio es que siguen existiendo mujeres y siguen desapareciendo mujeres, y continúa el crimen", indicó la activista.
Acompañada de unas cuarenta mujeres, Caraveo recordó que Chávez, cuya designación como nuevo titular de la PGR está en manos del Senado, que hoy tenía previsto revisarla, pero que la pospuso, no impulsó las investigaciones sobre mujeres muertas y desaparecidas en Ciudad Juárez.
En los años en que fue responsable de la Fiscalía estatal, en la segunda mitad de los años noventa, el entonces gobernador Francisco Barrios le puso al frente de la administración de justicia en Chihuahua, pero no avanzó en las investigaciones.
Antes de hacerse cargo de la fiscalía el aspirante a dirigir la PGR fue subprocurador de Justicia (1992-1994) y delegado de la PGR en el estado (1994-1996).
Caraveo recordó que la situación sigue siendo grave hoy ya que la ola de violencia que azota a la ciudad también ha costado la vida este año a cerca de un centenar de mujeres entre las casi 1.500 víctimas registradas en la urbe.
Contra la designación de Chávez Chávez en la PGR se han manifestado hasta el momento numerosas ONG y figuras como la periodista Lydia Cacho y la ex titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) Mireille Rocatti.
Ciudad Juárez, localidad fronteriza con El Paso (Texas, EE.UU.), ha sido escenario desde 1993 de más de medio millar de asesinatos de mujeres, la mayoría de los cuales no han sido esclarecidos.
martes, 8 de septiembre de 2009
Medios, Europa
Un vínculo con los cables pelados
En Europa, varios gobiernos tienen problemas en su relación con los medios de comunicación. En Inglaterra, el magnate Murdoch protesta por la participación de la estatal BBC en lo que considera debe pertenecer al mercado. En España, Rodríguez Zapatero tuvo su propia “guerra del fútbol” por la transmisión de la Liga.
En Europa, varios gobiernos tienen problemas en su relación con los medios de comunicación. En Inglaterra, el magnate Murdoch protesta por la participación de la estatal BBC en lo que considera debe pertenecer al mercado. En España, Rodríguez Zapatero tuvo su propia “guerra del fútbol” por la transmisión de la Liga.
Los Murdoch contra la BBC
Por Marcelo Justo
Desde Londres
Con elecciones a la vista, recesión económica y caída en las ganancias, el presidente del gigante multimediático News Corporation (dueños de Sky, Fox, The Sun, The Times) lanzó un duro ataque contra la BBC a la que acusó de ser un monopolio estatal “dominante y autoritario” que amenaza la pluralidad e independencia periodística. En el Festival Internacional Televisivo de Edimburgo, James Murdoch, presidente de la corporación e hijo de Ruppert Murdoch, calificó la estrategia de la BBC de “escalofriante” por su presencia en áreas que, según el directivo, debían pertenecer al mercado. Sky perdió casi 4 mil millones de dólares desde junio del año pasado y tiene una batalla histórica contra la BBC a la que acusa de distorsionar el mercado televisivo con el “injusto y regresivo” impuesto que se cobra en el Reino Unido a todos los que tengan un aparato televisivo para financiar a la corporación.
El Festival Internacional Televisivo de Edimburgo fue el escenario perfecto de esta batalla del gigante privado contra el ente público británico. En 1989, el discurso principal del festival estuvo a cargo del padre de James, Ruppert, quien dijo más o menos lo mismo que su hijo menor y virtual heredero del imperio mediático. La BBC recauda más de cuatro mil millones de euros anuales del impuesto público que le permiten ofrecer una programación amplia para cumplir con el objetivo de “educar, informar y entretener” sin los anuncios comerciales que cortan en segmentos todo lo que se ve.
En medio de una creciente presión para que el Parlamento recorte este impuesto público, Murdoch hijo señaló que esta “injusta” ventaja competitiva de la BBC estaba “ahogando” el mercado de las noticias. Según el titular de la News Corporation, la BBC impedía que los operadores privados expandieran sus servicios en otras áreas. Ruppert Murdoch planea introducir pagos para la lectura de los contenidos del The Sun y The Times en Internet, como medio de neutralizar las pérdidas económicas que sufrieron ambos medios. “Con noticias gratis estatales por Internet el periodismo no va a poder florecer. Para que exista un periodismo independiente es esencial que se pueda cobrar por las noticias. Pero parece que hemos decidido dejar que se marchiten la independencia y la pluralidad”, dijo James Murdoch.
News Corporation ha hecho sentir en el pasado todo su poder mediático-político. En los años que precedieron a la llegada del Nuevo Laborismo al poder, tanto Tony Blair como el actual primer ministro, Gordon Brown, se encargaron de cortejar a Ruppert Murdoch convencidos de que el apoyo del grupo era fundamental para que el laborismo recobrara el poder. Con las elecciones en mayo del año próximo y los conservadores con una cómoda ventaja en las encuestas, el conglomerado mediático está volviendo a su aliado natural en su larga batalla con la BBC. Antes y ahora el gigante multimediático tiene el mismo obstáculo: la popularidad de la corporación a nivel público es tan alta que se la llama afectuosamente “auntie” (la tía).
Rodríguez Zapatero pateó el tablero
Por Oscar Guisoni
Desde Madrid
José Luis Rodríguez Zapatero no necesitó cambiar la ley de radiodifusión para pegar una virulenta patada en el tablero del poder mediático español apenas asumió como primer ministro en marzo de 2004. La concesión de dos licencias de televisión abierta a grupos afines al gobierno despertó las iras de las cadenas tradicionales, al tiempo que desató una guerra feroz entre los nuevos canales que tuvo su máxima expresión en la llamada “guerra del fútbol”, un conflicto que todavía permanece abierto. El apagón analógico que tendrá lugar el próximo año y las características de la nueva Televisión Digital Terrestre han obligado finalmente al gobierno socialista a modificar el marco legal, aunque lo ha hecho recurriendo a un decreto de urgencia para evitarse el mal trago de un largo debate parlamentario.
Al igual que en la mayoría de los países europeos, en España existían hace apenas tres décadas sólo dos canales de TV: la cadena 1 y la 2 de Televisión Española y se trataba de un servicio monopolizado por el Estado. Hubo que esperar a la llegada de la democracia a finales de los setenta para que el monopolio se rompiera. Junto a los principales canales privados, Antena 3, desde 2003 en manos del grupo editorial Planeta-De Agostini y Canal 5, cuyo accionista principal es Silvio Berlusconi, se hicieron un hueco importante en la audiencia las televisiones regionales en manos del sector público. El sistema se mantuvo sin grandes modificaciones hasta la llegada de Zapatero al poder en 2004.
Durante los primeros meses de gobierno de Rodríguez Zapatero utilizó su capital político para abrir el juego concediendo a dos grupos cercanos al socialismo licencias para operar canales de TV abierta. El primer beneficiado fue el Grupo Prisa, el mayor conglomerado mediático español propietario del diario El País y la radio Cadena Ser –que no contaba con una cadena televisiva–, y que puso en el aire el Canal Cuatro. Unos meses más tarde la productora Mediapro, en manos de empresarios catalanes afines al Partido Socialista Catalán (PSC), en el poder en Barcelona, se hizo con la licencia para poner en pie La Sexta.
Como era de prever, las grandes cadenas privadas pusieron el grito en el cielo. Para evitar que la tormenta se transformara en guerra permanente, Zapatero modificó también el estatuto de Televisión Española estableciendo la prohibición de que la cadena pública recibiera publicidad, una medida que entrará en vigor el próximo año y cuyo objetivo es ampliar la torta publicitaria, que se había visto disminuida con la irrupción de los nuevos canales. La televisión estatal verá recortadas sus posibilidades de programación de cine extranjero y de puja por los derechos deportivos más codiciados. A su vez, el gobierno socialista emprendió el llamado “apagón analógico”, para instalar en todo el país la llamada Televisión Digital Terrestre que permitirá a las cadenas comerciales multiplicar su oferta televisiva con la puesta en el aire de nuevos canales temáticos.
Pero los nuevos invitados a compartir el negocio televisivo no se comportaron como el gobierno esperaba. Con el contexto de la crisis económica golpeando en la línea de flotación de los medios de comunicación al disminuirles los ingresos publicitarios, el Grupo Prisa y Mediapro se embarcaron en una guerra abierta por el derechos del fútbol, uno de los territorios más rentables en el que Canal+, la empresa de TV satelital controlada por Prisa, mantenía el monopolio.
Interpretando la ley de un modo rebuscado y actuando con la política de los “hechos consumados”, La Sexta comenzó a televisar partidos que en teoría sólo podía televisar Canal+, provocando una guerra que acabó en los tribunales y que hizo correr ríos de tinta. El conflicto pareció saldarse a comienzo de la temporada liguera del pasado año, cuando los dos canales sellaron un pacto de no agresión en espera de que los tribunales dijeran su palabra. El clima de fraternidad se volvió tan amistoso que comenzó incluso a hablarse de una fusión entre Cuatro y La Sexta, ya que ambos canales pierden dinero. Pero un decreto del gobierno socialista hecho público hace un mes en el que se permite la Televisión Digital de pago y que posibilita en los hechos la aparición de una nueva plataforma, Gol Televisión, propiedad de Mediapro, ha vuelto a encender la polémica hasta el punto de llevar a Juan Luis Cebrián, el consejero delegado del Grupo Prisa, a denunciar una “guerra del gobierno de Zapatero contra los medios independientes”, al tiempo que acusaba a la administración socialista de “intervencionismo descarado, inmoral e inadmisible”.
Muchos adjetivos para decir que en el fondo los medios de comunicación privados alaban el libre mercado y la competencia económica siempre y cuando nadie se meta con los rentables negocios que están acostumbrados a disfrutar. Un argumento que sonará familiar en la Argentina de estos días, mientras se debate la reforma de la Ley de Radiodifusión.
//
Por Marcelo Justo
Desde Londres
Con elecciones a la vista, recesión económica y caída en las ganancias, el presidente del gigante multimediático News Corporation (dueños de Sky, Fox, The Sun, The Times) lanzó un duro ataque contra la BBC a la que acusó de ser un monopolio estatal “dominante y autoritario” que amenaza la pluralidad e independencia periodística. En el Festival Internacional Televisivo de Edimburgo, James Murdoch, presidente de la corporación e hijo de Ruppert Murdoch, calificó la estrategia de la BBC de “escalofriante” por su presencia en áreas que, según el directivo, debían pertenecer al mercado. Sky perdió casi 4 mil millones de dólares desde junio del año pasado y tiene una batalla histórica contra la BBC a la que acusa de distorsionar el mercado televisivo con el “injusto y regresivo” impuesto que se cobra en el Reino Unido a todos los que tengan un aparato televisivo para financiar a la corporación.
El Festival Internacional Televisivo de Edimburgo fue el escenario perfecto de esta batalla del gigante privado contra el ente público británico. En 1989, el discurso principal del festival estuvo a cargo del padre de James, Ruppert, quien dijo más o menos lo mismo que su hijo menor y virtual heredero del imperio mediático. La BBC recauda más de cuatro mil millones de euros anuales del impuesto público que le permiten ofrecer una programación amplia para cumplir con el objetivo de “educar, informar y entretener” sin los anuncios comerciales que cortan en segmentos todo lo que se ve.
En medio de una creciente presión para que el Parlamento recorte este impuesto público, Murdoch hijo señaló que esta “injusta” ventaja competitiva de la BBC estaba “ahogando” el mercado de las noticias. Según el titular de la News Corporation, la BBC impedía que los operadores privados expandieran sus servicios en otras áreas. Ruppert Murdoch planea introducir pagos para la lectura de los contenidos del The Sun y The Times en Internet, como medio de neutralizar las pérdidas económicas que sufrieron ambos medios. “Con noticias gratis estatales por Internet el periodismo no va a poder florecer. Para que exista un periodismo independiente es esencial que se pueda cobrar por las noticias. Pero parece que hemos decidido dejar que se marchiten la independencia y la pluralidad”, dijo James Murdoch.
News Corporation ha hecho sentir en el pasado todo su poder mediático-político. En los años que precedieron a la llegada del Nuevo Laborismo al poder, tanto Tony Blair como el actual primer ministro, Gordon Brown, se encargaron de cortejar a Ruppert Murdoch convencidos de que el apoyo del grupo era fundamental para que el laborismo recobrara el poder. Con las elecciones en mayo del año próximo y los conservadores con una cómoda ventaja en las encuestas, el conglomerado mediático está volviendo a su aliado natural en su larga batalla con la BBC. Antes y ahora el gigante multimediático tiene el mismo obstáculo: la popularidad de la corporación a nivel público es tan alta que se la llama afectuosamente “auntie” (la tía).
Rodríguez Zapatero pateó el tablero
Por Oscar Guisoni
Desde Madrid
José Luis Rodríguez Zapatero no necesitó cambiar la ley de radiodifusión para pegar una virulenta patada en el tablero del poder mediático español apenas asumió como primer ministro en marzo de 2004. La concesión de dos licencias de televisión abierta a grupos afines al gobierno despertó las iras de las cadenas tradicionales, al tiempo que desató una guerra feroz entre los nuevos canales que tuvo su máxima expresión en la llamada “guerra del fútbol”, un conflicto que todavía permanece abierto. El apagón analógico que tendrá lugar el próximo año y las características de la nueva Televisión Digital Terrestre han obligado finalmente al gobierno socialista a modificar el marco legal, aunque lo ha hecho recurriendo a un decreto de urgencia para evitarse el mal trago de un largo debate parlamentario.
Al igual que en la mayoría de los países europeos, en España existían hace apenas tres décadas sólo dos canales de TV: la cadena 1 y la 2 de Televisión Española y se trataba de un servicio monopolizado por el Estado. Hubo que esperar a la llegada de la democracia a finales de los setenta para que el monopolio se rompiera. Junto a los principales canales privados, Antena 3, desde 2003 en manos del grupo editorial Planeta-De Agostini y Canal 5, cuyo accionista principal es Silvio Berlusconi, se hicieron un hueco importante en la audiencia las televisiones regionales en manos del sector público. El sistema se mantuvo sin grandes modificaciones hasta la llegada de Zapatero al poder en 2004.
Durante los primeros meses de gobierno de Rodríguez Zapatero utilizó su capital político para abrir el juego concediendo a dos grupos cercanos al socialismo licencias para operar canales de TV abierta. El primer beneficiado fue el Grupo Prisa, el mayor conglomerado mediático español propietario del diario El País y la radio Cadena Ser –que no contaba con una cadena televisiva–, y que puso en el aire el Canal Cuatro. Unos meses más tarde la productora Mediapro, en manos de empresarios catalanes afines al Partido Socialista Catalán (PSC), en el poder en Barcelona, se hizo con la licencia para poner en pie La Sexta.
Como era de prever, las grandes cadenas privadas pusieron el grito en el cielo. Para evitar que la tormenta se transformara en guerra permanente, Zapatero modificó también el estatuto de Televisión Española estableciendo la prohibición de que la cadena pública recibiera publicidad, una medida que entrará en vigor el próximo año y cuyo objetivo es ampliar la torta publicitaria, que se había visto disminuida con la irrupción de los nuevos canales. La televisión estatal verá recortadas sus posibilidades de programación de cine extranjero y de puja por los derechos deportivos más codiciados. A su vez, el gobierno socialista emprendió el llamado “apagón analógico”, para instalar en todo el país la llamada Televisión Digital Terrestre que permitirá a las cadenas comerciales multiplicar su oferta televisiva con la puesta en el aire de nuevos canales temáticos.
Pero los nuevos invitados a compartir el negocio televisivo no se comportaron como el gobierno esperaba. Con el contexto de la crisis económica golpeando en la línea de flotación de los medios de comunicación al disminuirles los ingresos publicitarios, el Grupo Prisa y Mediapro se embarcaron en una guerra abierta por el derechos del fútbol, uno de los territorios más rentables en el que Canal+, la empresa de TV satelital controlada por Prisa, mantenía el monopolio.
Interpretando la ley de un modo rebuscado y actuando con la política de los “hechos consumados”, La Sexta comenzó a televisar partidos que en teoría sólo podía televisar Canal+, provocando una guerra que acabó en los tribunales y que hizo correr ríos de tinta. El conflicto pareció saldarse a comienzo de la temporada liguera del pasado año, cuando los dos canales sellaron un pacto de no agresión en espera de que los tribunales dijeran su palabra. El clima de fraternidad se volvió tan amistoso que comenzó incluso a hablarse de una fusión entre Cuatro y La Sexta, ya que ambos canales pierden dinero. Pero un decreto del gobierno socialista hecho público hace un mes en el que se permite la Televisión Digital de pago y que posibilita en los hechos la aparición de una nueva plataforma, Gol Televisión, propiedad de Mediapro, ha vuelto a encender la polémica hasta el punto de llevar a Juan Luis Cebrián, el consejero delegado del Grupo Prisa, a denunciar una “guerra del gobierno de Zapatero contra los medios independientes”, al tiempo que acusaba a la administración socialista de “intervencionismo descarado, inmoral e inadmisible”.
Muchos adjetivos para decir que en el fondo los medios de comunicación privados alaban el libre mercado y la competencia económica siempre y cuando nadie se meta con los rentables negocios que están acostumbrados a disfrutar. Un argumento que sonará familiar en la Argentina de estos días, mientras se debate la reforma de la Ley de Radiodifusión.
//
"El monopolio de las apariencias"
Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia
Por Ricardo Forster *
“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord
1 En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas, al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers.
Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la historia del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura) vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales.
Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación.
2 Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años ’60–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años ’30 y ’40, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación.
Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanados de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común.
Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización hagan del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia.
De ahí, entonces, la crucial importancia que adquiere, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, el debate que se está llevando a cabo en el Congreso de la Nación en torno del proyecto de una nueva ley de servicios audiovisuales. Lo medular de la disputa político-cultural se juega en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemonía.
* Doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
//
Por Ricardo Forster *
“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord
1 En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas, al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers.
Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la historia del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura) vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales.
Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación.
2 Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años ’60–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años ’30 y ’40, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación.
Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanados de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común.
Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización hagan del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia.
De ahí, entonces, la crucial importancia que adquiere, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, el debate que se está llevando a cabo en el Congreso de la Nación en torno del proyecto de una nueva ley de servicios audiovisuales. Lo medular de la disputa político-cultural se juega en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemonía.
* Doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
//
Suscribirse a:
Entradas (Atom)