Mostrando entradas con la etiqueta internet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta internet. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de mayo de 2010

Paréntesis

Me encuentro dentro de un gran paréntesis... No he actualizado mis blogs porque he perdido el interés en "jugar con reglas de juego" impuestas y cambiadas por "los dioses de la red" (en buen romance "sabotajes" y/o "censura"). Honestamente no sé si tenga sentido jugar con tramposos.
Además, a últimas fechas tiendo a pensar que el Mundo es una porquería... Los amigos me pueden encontrar en Facebook, de cualquier manera. Es más práctico y relajado para bloguear.

martes, 27 de octubre de 2009

Creadores de opinión

¿Para qué sirve Facebook?
Con humor, el libro de Faerman viene a suplantar al tedioso apartado de “Condiciones de derechos y responsabilidades” y a las “Preguntas frecuentes” desde la perspectiva de un usuario crítico y no desde la de Mark Zuckerberg y su legión de empresarios.

Facebook (FB) como campo de análisis bien podría suscitar abordajes sociológicos, estadísticos, antropológicos e incluso fenomenológicos –si se enmarcara la dualidad de la psiquis usuario-alter ego virtual–, que se multiplicarían según la elección y convergencia de marcos teóricos aplicables. Pero ese tipo de ensayos no les interesaría a más de uno o dos de los doscientos millones de usuarios que la red social ha atrapado cual si fueran moscas en una enorme telaraña virtual. Juan Faerman probó por otro lado: se dispuso a examinar las herramientas, los manuales de uso y los comportamientos de sus “amigos” y, combinando sus conocimientos en publicidad, su intuición y el humor fresco que hace dos años le valió el primer puesto en el concurso de autores de Les Luthiers, escribió Faceboom, el nuevo fenómeno de masas Facebook (Ediciones B), su segundo libro. “Hay una investigación, pero no es como para que alguien diga: ‘¡Guau, man, este tipo me abrió los ojos!’”, concede el autor en diálogo con Página/12. Y es cierto: más que abrir los ojos, el libro permite que el lector desvíe la atención del hipnótico panal lumínico hacia un punto de cuelgue reflexivo, tal vez situado en un muro real, sobre lo que los individuos hacen y dejan hacer en el universo de aplicaciones que FB pone a disposición. ¿Qué estás pensando? Que Faceboom viene a suplantar al tedioso apartado de “Condiciones de derechos y responsabilidades” y a las Frequently Asked Questions (FAQ), desde la perspectiva de un usuario humorista comprometido, y no desde la de Mark Zuckerberg y su legión de empresarios.
Para desgranar el complejo entramado de vínculos entre sujeto y objeto, Faerman se puso como norte una pregunta sencilla: ¿para qué sirve FB? Y lejos de la paranoia de un plan malicioso de los servicios de inteligencia norteamericanos para obtener informaciones de la población mundial (versión que aún circula en spam), que además es una observación vinculada con la instancia de producción, el examen motivacional del autor arrojó tres estimaciones de consumo: “Una puerta de entrada es el contacto con los antiguos compañeros de escuela, porque el usuario promedio tiene entre 30 y 35. Luego, hay gente que labura con el FB, que abre una cuenta para facilitarse contactos profesionales. Y finalmente, claro, están los que lo utilizan para conseguir un garche, que son favorecidos por la posibilidad de que cada usuario pueda reinventarse, dosificando la información que da, la foto que expone”. Englobando a esa triple apreciación, una observación general: “FB es un placebo para la autoestima. A todos nos gusta que nos hagan mimos, que nos aprueben. Y no hay nada allí que puedas hacer que no admita un feedback. En cada posteo aparece la opción de tildar un ‘Me gusta’. ¿Por qué no ‘No me gusta’? ¡Porque se pudre todo! Siempre tiene que ser buena onda, porque el fundamento de la web 2.0 es generar interacción”. Incluso, el autor reproduce la “Pirámide de las necesidades” del psicólogo estadounidense Abraham Maslow e intenta ubicar las pulsiones que llevan cada mes a unas 25 millones de personas a crearse una cuenta en la red. La tipología agrupa necesidades según sean fisiológicas, de seguridad, de afiliación, de reconocimiento y de realización personal. “¿Podríamos decir que, aunque sería literal, obvio y hasta ingenuo situarlo en una necesidad de afiliación, FB podría ubicarse como vínculo entre el hombre y la satisfacción de cualquiera de sus necesidades?”, se pregunta Faerman. Tal vez suene a mucho, pero es indudablemente un punto a discutir.
A lo largo del libro, las inquietudes pragmáticas del autor harán que analice uno a uno los widgets de la red boom. Por ejemplo, el “Muro”, donde los usuarios plasman casi lo que se les cante: videos, saludos, fotos, notas o links, todo para compartir con sus contactos. Cada perfil es dueño de uno y, cual se tratara de la pared del fondo de casa, su dueño puede hacer con éste lo que quiera, dentro de las posibilidades técnicas del sitio, claro. ¿Pero por qué se llama “Muro”? ¿A Zuckerberg no se le ocurrió pensar, antes de bautizarlo así, que históricamente los muros han servido para dividir antes que para conectar personas? ¿Y qué es un “Toque”? “Estoy convencido de que en algún país de Medio Oriente es algo muy zarpado, una posición de kamasutra increíble, porque en la cultura occidental no tiene sentido”, bromea Faerman. Otros de los conceptos que analiza son el de “Noticias” –que en el FB refieren a las actualizaciones de los contactos de un usuario–, el de amistad –“Según FB, si un amigo conoce a alguien, por extensión también nosotros conocemos a ese alguien”– y el del imperio de la imagen en la era tecnológica –1700 millones de fotos, 2200 millones de personas etiquetadas, 3000 millones de vistas de álbumes por día, cifras que no se pueden pasar de largo–.
Por esta sinuosa autopsia que Faerman realiza a la mayor red virtual de todos los tiempos, Faceboom se erige como la única bibliografía de consulta para aquellos que quieran encarar una nueva investigación, al menos si se descartan los libritos didácticos para usuarios, que explican cómo agregar un amigo, cómo etiquetarlos, etcétera. La pregunta que surge es cuántos analistas se “rebajarían” a tomar el trabajo de un humorista como punto de partida para un nuevo abordaje de campo. Por ello, Faerman hace hincapié en el desprestigio al que se encuentran sometidos los escritores humoristas, cuyas obras son menospreciadas desde el vamos, por su finalidad. “Generar humor escrito es muy difícil. Cuando tenés a un capocómico enfrente, un texto choto te hace reír. Pero cuando el capocómico es tu propio cerebro, hay que ser muy guapo”, salva.
La historia de Faerman parece la del sueño del pibe, que abandona un trabajo que no lo hace feliz para dedicarse a uno que sí. En su caso, lo que dejó fue la publicidad (es el creador de aquel comercial de la revista El Gráfico que salió durante el Mundial de fútbol de 1998: el marcianito que cae del cielo en una nave con forma de pelota y canta: “Hoy es lunes, comienza la semana...”) y se dedicó al humor escrito. Fue redactor de la revista NAH! y allí publicó, el año pasado, su primer libro, 36ª edición ¡¡¡200.000 ejemplares vendidos!!! y otros cuentos breves, que compila poco más de setenta chistes. De hecho, fue en su redacción en donde comenzó a cuestionar al FB. “Hace dos años, en la revista era el patriarca, porque eran todos muy jóvenes. Allí, una compañera me dijo que me abra una cuenta. ‘No, si te quiero decir algo, te lo digo, si te tengo a un metro’. Me insistió y la abrí. Empecé a hacer observaciones casi de inmediato, porque no podía creer lo que estaba pasando”.
Y, claro, intuitivamente utilizó su experiencia en publicidad para criticar a la red. “FB es más publicitario que otra cosa –asegura–. Estoy tremendamente podrido del discurso publicitario vacío de contenido. Hace poco había una campaña de teléfonos celulares que decía: ‘BlahBlah te cambia la vida’. ¡Y no, que se te muera tu papá te cambia la vida! Hay otra de una barra de cereal que dice: ‘Cambiamos por vos, cambiá por nosotros’. ¡Mentira! Cambió porque era horrible y no la compraba nadie. Cosas así pasan en FB, porque cada uno es su propia agencia de publicidad y, a la vez, el producto que quiere vender”.
Informe: Facundo Gari.
//

lunes, 27 de julio de 2009

Para tener cuidado

MISSING CHILDREN RECOMIENDA EVITAR LAS BUSQUEDAS DE CHICOS POR CORREO ELECTRONICO
Borrá esas cadenas de mails
La entidad aclara que los mails que llegan en cadena pidiendo solidaridad para encontrar un chico perdido nunca dieron resultado. Pero, además, los expertos las definen como archivos que proveen información sobre la máquina y las contraseñas. Recomiendan borrarlas.


Por Pedro Lipcovich
Ese mail, que llega por cadena solidaria, que nos presenta la carita de un chico perdido, que sólo nos pide reenviarlo para contribuir, aunque sea un poquito, a que aparezca, ese mail que nos conmueve, ése... lo mejor es borrarlo. Así lo pide, y lo explica, la entidad Missing Children, además de aclarar que “nunca, jamás, las cadenas de mails sirvieron para que apareciera un solo chico perdido”. Estas cadenas “solidarias” diseminan, sin autorización, fotos de menores de edad, que en muchos casos hace años ya fueron recuperados por sus padres, y contribuyen a generar “una exagerada sensación de inseguridad”, observó la presidenta de esa ONG. Especialistas en seguridad informática explicaron a este diario cómo las cadenas de mail suelen ser, en realidad, “instrumentos de análisis de mercado”, que permiten detectar las actitudes de los distintos usuarios, captar sus direcciones de mail e inducirlos a aprovechadas “donaciones”. Y sugirieron recursos para prevenirse de estas trampas.
La organización Missing Children, dedicada a la búsqueda de niños perdidos, emitió un comunicado para aclarar que “nunca envía ni promueve cadenas de correos electrónicos”. Y recomienda “cortar la cadena de reenvíos, para evitar así difundir información que confunda”. Esto vale aun para “la mayoría de estos correos, que son hechos de buena fe”, y con más razón para los que “son utilizados con otros fines, como hoaxes (falsas informaciones) o para dirimir conflictos entre partes litigantes de una familia”. En todo caso, “de los más de 3200 chicos encontrados, ninguno fue por ser vista su fotografía en una cadena de mail”, advierte Missing Children.
Por ejemplo, “un chiquito había estado un solo día fuera de su casa, por un conflicto familiar, en 2005: desde entonces, su fotografía sigue circulando en cadenas de mail –contó Lidia Grichener, presidenta de Missing Children–. Muchas fotos de chicos que aparecen en cadenas se difunden sin autorización judicial o de los responsables del menor”.
“En algunos casos, sucedió que el padre o la madre se llevaran al chico y el otro progenitor lanza a circular la cadena de mails, con lo cual la imagen de la criatura se utiliza como elemento en un conflicto entre los padres. En otros casos, sí, efectivamente el chico está perdido y los padres intentan el recurso de la cadena de mails: es comprensible que lo hagan, en su desesperación. Pero, en nuestra experiencia, jamás se encontró un chico por una cadena de mails”, advirtió Grichener.
“Además –agregó la titular de Missing Children–, la proliferación de estas cadenas genera una idea de inseguridad, de caos, de que todos los chicos se pierden; hay gente que nos llama a partir de esta sensación, que da una falsa dimensión del problema. Una de las cadenas que circulan presenta una cantidad de fotos de chicos y afirma que están apresados ‘en redes de trata’: la mayoría son chicos que ya aparecieron hace mucho; también figura una chica que apareció muerta pero no por un tema de trata. Claro que la trata existe pero sólo se la puede enfrentar a partir de información verídica.”
Mi compu me engaña
“Muchas cadenas de mail son, en realidad, instrumentos de análisis de mercado –sostiene Arturo Busleiman, consultor en seguridad informática–: el hecho de que alguien reenvíe un mail sobre chicos perdidos, sin haber verificado la información, ofrece un dato sobre los intereses y las actitudes de esa persona. Si otra persona presta atención a una cadena de chistes, o de esoterismo, o a ‘las mejores fotos de trolas’, se ubica en determinadas categorías: se trata de armar bases de datos de gente alineada con ciertas temáticas. Estas bases de datos tienen valor comercial y se utilizarán para producir spam.”
En muchos casos, las cadenas orientan al receptor a determinados sitios de Internet: “Por ejemplo, para ingresar ‘donaciones’. Después de recibir por varias vías una cadena con alto contenido emocional, una persona puede estar dispuesta a consignar los datos de su tarjeta de crédito”, observó Busleiman.
Pero, el que diseñó la cadena, ¿cómo puede recibir información sobre los sucesivos destinatarios? “Los mail que se abren como HTML ofrecen al primer emisor la posibilidad de hacer seguimiento”, contó el consultor, y recomendó usar “el programa para correo electrónico llamado Thunderbird, que es gratuito en la web y se agrega a los correos ya existentes, sin sustituirlos: este programa permite la opción ‘HTML simplificado’, que impide ese seguimiento; también ofrece opciones para detección de cadenas y de phishing (envío a páginas engañosas que solicitan información del usuario)”.
Hugo Scolnik –titular del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA– recordó que “las direcciones de mail, que pueden obtenerse mediante estas cadenas, se compran y se venden: en Internet hay ‘supermercados’ donde se comercializan de a miles”. Advirtió también que “en los mensajes, especialmente en las imágenes que puedan contener, pueden ir incrustados virus, que dañan los programas o destruyen el disco rígido, o también troyanos, que inadvertidamente toman control de la máquina, generalmente con fines de obtener información”.
El usuario puede no advertir la presencia de estos “códigos maliciosos”, ya que, observó Scolnik, “muchos usuarios no usan firewalls: entonces, es muy fácil hackear la máquina”. El especialista de la UBA advirtió que “hoy existen programas que examinan miles de direcciones de Internet y le entregan al hacker un mapa completo de la vulnerabilidad de cada una”. El usuario no suele enterarse porque “habitualmente, el hacker entra en la máquina, la revisa y, si no encuentra nada que le interese, se va sin dejar rastros”. Pero a veces encuentra datos que le interesan, por ejemplo passwords.
Scolnik sugiere “desactivar el firewall que viene con el Windows, que, por ejemplo, no va a revelar el hecho de que “el programa Microsoft Word se comunica permanentemente con Microsoft para dar información sobre el usuario, con propósitos comerciales”. En cambio, recomienda “un firewall gratuito como el Zone Alarm que se descarga desde la web en español. Una vez instalado, este programa le revelará al usuario qué programas están intercambiando información vinculada con su máquina y le preguntará qué hacer en cada caso. Si el programa en cuestión es el antivirus, está bien habilitar el intercambio, que permite su actualización periódica, pero es probable que el usuario se sorprenda al enterarse de cuántos programas intercambian información desde su máquina sin que él lo sepa”.

Ver nota original en P/12